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miércoles, 29 de octubre de 2008

Los Gansos Sagrados de Juno




Hacía tiempo que el pueblo galo de origen celta se había instalado en la actual Francia.
Este pueblo nómada, de hombres rubios, altos y de ojos azules se trasladaba cada vez más hacía el sur atraído por mejores pasturas y un clima más propicio.
Eran feroces y dueños de una depurada destreza para el combate acompañada de atemorizantes gritos de guerra, destrozaban cualquier resistencia.
Primero cruzaron los Alpes, y más tarde atraídos por la fructífera Italia y por el vino, se animaron a cruzar los Apeninos.
Cuando los romanos tomaron conciencia del avance de estos bárbaros, escaparon, buscando refugio en los pueblos vecinos. Los más jóvenes, se atrincheraron en la ciudadela del capitolio con los tesoros y víveres de todo tipo para resistir el ataque.
En el foro se quedaron los ancianos venerables, revestidos con sus mejores galas para enfrentar el sacrificio si ese era el deseo de los dioses.
Los galos se sorprendieron al encontrar al grupo de ancianos romanos. Por su actitud majestuosa parecían dioses. No sabían como actuar hasta que a uno de los galos se le ocurrió tocar la barba de Marco Pipireo, y éste le respondió golpeándolo con su cetro. Este hecho dio lugar a una carnicería, ya que los galos reaccionaron matando a todos los patricios que encontraron y cuando no hallaron a nadie más para matar, prendieron fuego a los edificios.

Los galos no habían llegado todavía a la ciudadela del Capitolio, y los romanos que allí estaban dormían confiados en su fortaleza. Cuando los galos encontraron la senda hacia la ciudadela comenzaron a trepar la escarpada ladera con dificultad durante la noche y en el más absoluto silencio para no alertar a sus moradores.

En el centro del capitolio, estaba emplazado el templo de Juno, cuya estatua había sido traída de Veyes. En ese templo había un corral con muchísimos gansos, las aves consagradas a la diosa.
Estos gansos, ni bien escucharon el más leve ruido comenzaron a graznar alertando a los centinelas y cuando los galos se asomaron sobre las rocas, los gansos los atacaron a aletazos.
Los gansos de Juno salvaron a la ciudadela y desde entonces se los cuidó con mucho más esmero, prohibiéndose su sacrificio.


Apio Claudio y Virginia



Cuenta la leyenda que este cruel y malvado personaje llamado Apio Claudio, se enamoró locamente de la hija de un prestigioso plebeyo llamado Virginio. Su hija se llamaba Virginia.

Apio Claudio, acosaba a Virginia con regalos y promesas, pero ella no aceptaba sus cumplidos, entonces, diseñó un malvado plan para poseerla.
Contrató a un hombre para acusarla de ser hija de una de sus esclavas y de ese modo detenerla para ser llevada ante el Tribunal precedido por Apio Claudio. La dama que la acompañaba, comenzó a pedir socorro a los gritos y el pueblo se congregó ante el escándalo.
El hombre escapó, pero de todos modos, logro que Virginia fuera citada ante el Tribunal como presunta esclava.
Virginia y su padre estaban desesperados porque a pesar de las pruebas presentadas, Apio Claudio logró que Virginia fuera declarada esclava.
Virginio, viendo que todos sus esfuerzos fueron inútiles, se sintió tan impotente que tomó un puñal y atravesó el pecho de su hija diciendo: Esta es la única manera que tengo de devolverte la libertad para que no te transformes en la esclava de un tirano cruel y malvado.

Luego, dirigiéndose a Apio Claudio le dijo: -Y espero que esta sangre atraiga la venganza de los dioses sobre tu persona.
El pueblo enardecido ante el trágico suceso, se sublevó y hasta el propio ejército estaba dispuesto a apoyar a los sublevados.
El Senado se reunió al instante dispuesto a despedir a Apio Claudio que huyó y se convirtió en bandido.
Cuando la justicia decidió apresarlo por sus múltiples fechorías, puso fin a su vida suicidándose.


Patricios y Plebeyos



Si bien los romanos estrenaron su República, no cesaron de luchar contra los pueblos vecinos para conservar su poderío en toda Italia. Y, cada tanto, emprendían una nueva guerra. Esta vez, contra los volscos, grandes enemigos de Roma.

Mientras peleaban contra estos eternos enemigos, se dio una situación muy particular, ya que se desató una lucha interna entre patricios y plebeyos. Una lucha de poderes entre los mismos romanos.

Los patricios, descendientes de los primeros habitantes tenían demasiados privilegios, y los plebeyos, la mayoría dedicados a la agricultura, al comercio y a la artesanía, formaban cada vez un grupo más numeroso. Muchos eran ricos y respetados, pero los patricios, con sus inmunidades, los alejaban de las decisiones de poder.
Esto dio lugar a una nueva rebelión de carácter interno. Recordemos que los plebeyos estaban obligados a cumplir con el servicio militar y a unirse al ejército para defender a Roma.

La guerra con los volscos se aproximaba, pero esta vez, los plebeyos amenazaron con no cumplir sus obligaciones si no se atendían sus reclamos de mayor participación en las decisiones de gobierno.
Los patricios se asustaron al ver que la guerra era inminente y, para tranquilizar a los plebeyos, les hicieron toda clase de promesas y concesiones sobre pago de impuestos y condonación de deudas, que por supuesto olvidaron una vez que los pobres plebeyos regresaron de la guerra.

Los plebeyos perdieron la paciencia. Dejaron la ciudad de Roma y levantaron un campamento en el Monte Sagrado. Desde allí, amenazaron con fundar una nueva ciudad donde todos los hombres tuvieran los mismos derechos, garantías y obligaciones.
Ante semejante amenaza, los patricios buscaron a Menencio Agripa para negociar y, gracias a su sabia intervención, los plebeyos consiguieron tener su propia participación en la Asamblea, donde el derecho a votar era independiente de la riqueza.

De ahora en adelante, podían elegir a sus propios representantes y estos a su vez, elegir a sus magistrados,llamados Tribunos de la plebe.
Estos Tribunos tenían la misión de custodiar los derechos de los plebeyos, protegiéndolos de los caprichos y arbitrariedades de los patricios.
Todo esto ocurrió en el siglo V a.C.


Anco Marcio



Anco era un hombre tranquilo y pacífico. Durante su reinado se dedicó a fortalecer el estado y llevo a cabo numerosas obras .Hizo un puente para comunicar ambas orillas del río Tiber, agrandó la ciudad hasta la costa y logró que el puerto de Ostia se convirtiera en un importante centro para el comercio de sal, que era un elemento muy apreciado en ese entonces.

Su reinado está muy ligado a otro personaje de la época llamado Lúcuno. Lúcuno había nacido en la ciudad de Tarquina y su esposa se llamaba Tarquinil.

Tarquinil convenció a Lúcuno que tenían que mudarse a Roma para conseguir un futuro más próspero y como Lúcuno era muy ambicioso aceptó la propuesta.

Juntaron sus pertenencias y partieron para Roma en un espléndido y lujoso carruaje.
Cuando habían llegado casi a las puertas de la ciudad, apareció un águila que voló en picada sobre Lúcuno arrebatándole el sombrero, para luego volver a dejarlo caer sobre su cabeza.
Tanaquil hizo su propia interpretación del inusual acontecimiento diciendo:- Esto quiere decir que llegarás a ser un hombre sumamente importante y que al final serás coronado rey.

Nada más llegar a Roma se instalaron en un palacete del barrio más importante de la ciudad y Lúcuno cambió su nombre para adaptarse al gusto romano. De allí en más se llamó Lucio Tarquinio Prisco, pero los amigos y conocidos le decían Tarquinio.

Tarquinio y su esposa pronto se relacionaron con los personajes más importantes de la ciudad, ofreciendo fiestas y banquetes con frecuencia.
De esta manera, se ganaron la confianza del rey Anco Marcio, que decidió nombrar a Tarquinio tutor o instructor de sus hijos.

Cuando Anco Marcio murió, la ambición desmedida de Tarquinio lo llevó a tramar un plan para instalarse en el trono; Organizó una cacería para alejar del palacio a los dos hijos de Anco y una vez que los jóvenes estuvieron lejos, convocó al pueblo, y , utilizando su poder de persuasión, los convenció de que él era el mejor candidato para subir al trono y logró su propósito.
Cuando los príncipes volvieron de su cacería no tuvieron más remedio que aceptar la situación aunque juraron vengarse algún día.


El rapto de las Sabinas



El Rapto de las sabinas es un episodio mitológico que describe el secuestro de mujeres de la tribu de los sabinos por los fundadores de Roma.
Según la leyenda, en la Roma de los primeros tiempos la población era eminentemente masculina. Para solucionar esto, Rómulo, su fundador y primer rey, organizó unas pruebas deportivas en honor del dios Neptuno a las que invitó a los pueblos vecinos. Acudieron varios de ellos, pero los de una población, la Sabinia, fueron especialmente voluntariosos y acudieron a Roma con sus mujeres e hijos y precedidos por su rey.

Comenzó el espectáculo de los juegos y, a una señal, cada romano raptó a una mujer, y luego echaron a los hombres.
Los romanos intentaron aplacar a las mujeres convenciéndolas de que sólo lo hicieron porque querían que fuesen sus esposas, y que ellas no podían menos que sentirse orgullosas de pasar a formar parte de un pueblo que había sido elegido por los dioses.
Las sabinas pusieron un requisito a la hora de contraer matrimonio: en el hogar ellas solo se ocuparían del telar, sin verse obligadas a realizar otros trabajos domésticos, y se erigirían como las que gobernaban en la casa.

Los sabinos, enfadados por el doble ultraje de traición y de rapto de sus mujeres, atacaron a los romanos, a los que fueron acorralando en el Capitolio. Para lograr penetrar en esta zona, contaron con la traición de una sabina, Tarpeya, que les franqueó la entrada a cambio de 'aquello que llevasen en los brazos', refiriéndose a los brazaletes. 
Deplorando la traición de la mujer, aceptaron el trato, pero, en lugar de joyas, le presentaron sus pesados escudos, con los que la hicieron morir aplastada. 
La zona donde, según la leyenda, tuvo lugar tal asesinato, recibió el nombre de Roca de Tarpeya, desde la cual se arrojaba a los convictos de traición, al menos en tiempos primitivos.

Cuando se iban a enfrentar en lo que parecía ser la batalla final, las sabinas se interpusieron entre ambos combatientes para que dejasen de matarse porque, razonaron, si ganaban los romanos perdían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos perdían a sus maridos e hijos. Las sabinas lograron hacerlos entrar en razón y finalmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación.

El rey de Sabinia, Tito Tácio, y Rómulo formaron una diarquía en Roma hasta la muerte de Tito.


Rómulo y Remo



Según la tradición romana, Rómulo (c. 771 a. C. – c. 717 a. C.) y su hermano gemelo Remo (c. 771 a. C. – c. 753 a. C.) fueron los fundadores de Roma y del Senado romano. La historiografía actual considera falsa esta tradición, fijando el origen de la ciudad a finales del siglo VII a. C.

Numitor era el rey de una ciudad de Lacio llamada Alba Longa. Fue destronado por su hermano Amulio, quien lo expulsó de la ciudad, y procedió a matar a todos sus hijos varones excepto a su única hija Rea Silvia. Como no quería que Rea Silvia tuviera hijos la obligó a dedicarse al culto de Vesta asegurándose de esta forma de que iba a permanecer virgen.
Sigue narrando la leyenda, que Rea Silvia se encontraba durmiendo en la orilla de un río y el dios Marte se quedó prendado de ella, la poseyó y la dejó embarazada. Como consecuencia de esta unión, Silvia, tuvo dos gemelos a los que posteriormente llamó Rómulo y Remo.
Antes de que el rey Amulio se enterara del suceso, colocó a sus hijos en una cesta en el río Tíber para que no sufrieran el mismo camino que sus tíos. La cesta embarrancó. Los pequeños fueron amamantados por una loba, Luperca, y más tarde recogidos por el pastor Fáustulo y cuidados por su mujer, Aca Larentia.
Se decía que habían sido educados en Gabio, centro cultural del Lacio; más tarde se dedicaron al bandolerismo.

Cuando crecieron descubrieron su origen, por lo que regresaron a Alba Longa, mataron a Amulio y repusieron a su abuelo Numitor en el trono. Éste les entregó territorios al noroeste del Lacio. En el 753 a. C. los dos hermanos decidieron fundar una ciudad, según el rito etrusco, en ese territorio, en una llanura del río Tíber en el preciso lugar en donde embarrancó la cesta. Delimitaron el recinto de la ciudad (pomoerium) con un arado que sería la supuesta Roma quadrata del Palatino. Rómulo juró matar a todo aquel que traspasara los límites sin permiso.
Discutiendo sobre el nombre de la ciudad decidieron que lo elegiría aquel que avistase más pájaros, prueba que superó Rómulo y otorgó a la ciudad el nombre de Roma (muy similar a su nombre y en parte basado en la heroína Roma).
Remo, enojado, discutió con Rómulo y borró el surco de los límites de la futura ciudad. Cumpliendo el juramento, Rómulo lo mató.

La ciudad se levantó en el pomoerium palatino, y Rómulo quedó como único soberano. Creó el senado, compuesto por cien miembros (patres) cuyos descendientes fueron llamados patricios y dividió la población en 30 curias (congregaciones). Para poblar la ciudad, Rómulo aceptó todo tipo de gente: refugiados, libertos, esclavos, prófugos, etc.

Sin embargo, con este método la población era eminentemente masculina. Organizó unas pruebas deportivas a las que invitó a una población vecina y que aprovechó para raptar a sus mujeres (el Rapto de las sabinas). 

Todo acabó amigablemente, pues las mujeres intercedieron por sus nuevos maridos, los romanos, y Rómulo formó con el rey sabino, Tito Tacio, una diarquía que duró poco, hasta la muerte del sabino. Queda Rómulo sólo como rey, que realizará diferentes y victoriosas empresas bélicas.

Moriría en el 717 a. C. Existen varias versiones de la muerte de Rómulo, bien arrebatado por los cielos en medio de una tempestad provocada por su padre Marte o bien asesinado por unos senadores conspiradores. En honor a la fecha de su desaparición se celebraban las fiestas Nonas Caprotinas. Acabará divinizado y adorado bajo la advocación de Quirino.

Tras su muerte se producirá un año de interregnum hasta que el senado elige como rey a Numa Pompilio.

En la cronología actual la fecha de la fundación de Roma se fijó el 21 de abril de 753 a. C. Esta fecha era el año 0 para el Imperio romano, ya que se la tomaba como punto de referencia para fechar eventos en el mundo romano. Se lo aludía como el Nacimiento de Roma (200 aUC: Anno 200 ab Urbe Condita: «En el año 200 desde la Fundación de la Urbe o del Nacimiento de Roma»).

Recientemente, en noviembre de 2007, se produjo el hallazgo de la cueva que en la antigüedad era reverenciada como el lugar donde se creía que habían sido amamantados los gemelos Rómulo y Remo.