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sábado, 10 de febrero de 2007

Zanzíbar. Playa

Días 7 y 8

Estos días me dediqué a playa, comer, y descansar, y con semejantes vistas uno se relaja si o si.



Una mañana nos juntamos un grupito y le pedimos a un pescador que nos llevara en su embarcación a dar una vuelta por el arrecife coralino,



Le pagamos 5$ cada uno y allá que nos llevó a ver estrellas de mar.

La última tarde la aproveché para hacerme las trencitas y un tatoo, me lo hizo todo Pepa, un encanto de mujer que había conocido en la playa y que por cierto es la mejor que me ha hecho las trenzas de todos mis viajes, muy pequeñitas, perfectas. Y el tatoo como veis guapísimo ( para mi claro que me encantó como me lo hizo ).


La última noche noche habíamos reservado todos la cena en el restaurante Hakuna Matata que era de comida especial tanzana, y allí fue el único sitio donde me comieron los mosquitos, vaya pedazo de mosquitos!!! Llevaba el Relec pero cuando me lo fui a echar ya era tarde...

La comida estaba riquísima, con sabores bastantes fuertes por eso, y después nos fuimos a tomar unas copas y a disfrutar de nuestra última noche.

La última noche en aquel trocito del edén del hemisferio sur…..




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viernes, 9 de febrero de 2007

Zanzíbar. Playa

Día 6

De todas las posibles excursiones que se podían hacer en Zanzíbar, las había hecho todas excepto la del bosque de Jozani y Kizimkazi.
Esta era la de más contacto con los animales, en Kizimkazi te llevaban a ver los delfines, que la verdad decían que tenías que tener mucha suerte para verlos, y en el bosque de Jozani el principal y único atractivo eran los colobos rojos, una especie de monos de larga cola roja endémicos de Zanzibar.

Como nada de esto me llamaba mucho la atención y llevaba toda mi estancia haciendo excursiones cada día, con el cansancio y los madrugones que ello conllevaba, decidí pasar los dos últimos días de panching total en el hotel, osea tumbing, drinking, swimming, y relaxing a tope.

Quería disfrutar un poquito del hotel y de sus instalaciones. En el TI tenía incluido deportes acuáticos no motorizados, como canoas, windsurf y catamaranes.

Así me dediqué a relajarme un poquito con las canoas y con el catamarán.


Los paseítos por la playa a media tarde eran geniales, a ambos extremos del hotel habían un montón de puestecitos con cuadros, figuras y demás recuerdos tanzanos.



Aquí también había que regatear para conseguir las gangas, así que me lo pasaba en grande subiendo y bajando precios con ellos, jejeje!!!


Me tiré toda la tarde visitando los poblados de los alrededores, y me iba con la bolsa de la playa llena de hamburguesas y perritos calientes que cogía del Snack Bar del hotel, para llevarlos y repartirlos por ahí, y ellos contentísimos ! !

 Me encontraba todo tipo de personajes por la playa: masais tira trastos, trenceras, tatuadoras de henna, niños jugando en la playa, vendedores de excursiones, de marihuana, de marfil, de tallas de ébano, pescadores....y yo iba por ahí negociando con los que me interesaba, jejejeje!!


Estaba saboreando con mucho gusto los últimos días en la isla, joooooooo, ya quedaba poco para volver a la normalidad y yo no podía, como iba a poder estando en semejante paraíso!!!!




Pero desgraciadamente los días iban pasando, y mis vacaciones se iban acabando, ojalá pudiera parar el tiempo y ser inmortal en este lugar para disfrutarlo eternamente....



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jueves, 8 de febrero de 2007

Zanzíbar. 4x4 Tour de las especias, playa Nungwi

Día 5

La ruta de las especias y el atardecer en Nunwgi era la excursión de hoy.



La primera consistía en hacer el recorrido por los caminos que emprendió el Sultán Sayyid Said que fue quien en 1812 introdujo las primeras semillas de clavo en la isla.

Como siempre bien temprano quedamos en el poblado masai para coger el minibus camino de las plantaciones de especias.



Aquí nos explicaron, nos enseñaron y nos dieron a oler todo acerca de las especias autóctonas que allí cultivaban, el clavo, el cardamomo, la pimienta, la nuez moscada, la canela...un festival de perfumes para nuestros olfatos.

Nos enseñaron de donde nacían las piñas, y la verdad nunca me hubiera imaginado que salían del suelo, que ignorante...


Los chicos que nos lo explicaban eran majísimos y nos hacían a todos diferentes complementos como anillos, collares, gafas, realizado con hojas de diferentes árboles, todo un arte, jejeje!!



También nos pintaron los labios con un fruto del que no recuerdo su nombre que es con lo que se pintaban las mujeres zanzibereñas.
Muy ecológico y además bastante resistente, ya que me duraron los labios pintados gran parte del día, jeje!!

Nos bajaron cocos directamente de la palmera, desde luego todo un arte, ver como suben como si nada, un ole por estos muchachos.


A media visita nos cayó un chaparrón que te cagas y nos llevaron a una choza y allí pudimos degustar unos cocos recién cogidos y a unos tés con sabores a canela, a limón, a clavo, todos muy ricos.



Continuamos el recorrido hacia un poblado, y este quizá fue el momento más emotivo del viaje.


Todos llevábamos algo que dar a los niños, y el recibimiento fue espectacular, las caras de esas criaturas no las podré olvidar, ni sus besos y abrazos agradeciéndome los cuadernos y lápices que les llevé.


Cuando íbamos montados en el 4x4 los montones de niños se nos cruzaban por el camino corriendo descalzos por toda la carretera llena de barro pidiéndonos "pi pis" osea caramelos, y a veces se nos pegaban tanto al coche que incluso ponían su vida en peligro con tal de que le diéramos algo.


Son momentos que te hacen valorar más lo que tienes, y te das cuenta de lo materialistas que llegamos a ser en el primer mundo, que tenemos de todo y ellos que no tienen de nada, son mucho más felices, porque bien es verdad que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.

Después de soltar el cargamento de cuadernos, lápices y juguetes que llevábamos, proseguimos nuestro viaje rumbo a Nugwi, me arriesgo a decir la mejor playa de Zanzíbar, sobretodo para los buceadores con inmersiones increibles en Leven Bank, la isla de Tumbatu y el atolón de Mnemba.

Por el camino hicimos una parada obligatoria delante de un baobab para aprender un poco más sobre él.


El baobab es una especie muy útil para los pueblos africanos. Da un fruto llamado pan de mono, del tamaño de un pequeño melón que contiene gran cantidad de vitamina C, se emplea para preparar varias bebidas refrescantes. De la corteza del baobab se extrae una fibra con la que se fabrican cuerdas y cestos. Las hojas hervidas sirven como alimento, e incluso el polen mojado se emplea como pegamento.

El resto del trayecto hasta llegar a Nungwi fueron caminos llenos de piedras en los que el 4x4 iba de lao, tardamos bastante en llegar porque íbamos a 10 por hora, pero cuando por fin pisamos aquella playa todos coincidimos en que era la mejor que habíamos visto hasta el momento.


Teníamos preparado un suculento buffet en el restaurante que había sobre la playa, con arroz, pollo en salsa, calamares...no fue como la mariscada del Blue Day pero la verdad que todo estuvo muy rebueno.

A Nunwgi habíamos ido a ver el atardecer, así que después de comer teníamos toda la tarde libre para hacer lo que quisiéramos.



Unos aprovecharon y se fueron al centro de submarinismo que había al lado del Hotel Gemma de l'Est a informarse sobre precios de bautismos y demás, otros se fueron por los puestecitos de la playa a comprar cuadros ( la zona más cara de Zanzíbar para comprar ), y otros como yo optamos a darnos un masaje completo con aceite, desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza, y con el sonido del mar de fondo, por el módico precio de 5$.


El aceite esencial mezclado con la arena de la playa y las tenazas que tenían por manos aquellas tanzanas, me hicieron, además del masaje, un peeling que me dejó la piel la mar de suavita.

Entre baño y baño, y entre risa y risa, el sol se iba poniendo y el momento esperado cada vez se acercaba más.

La playa de Nunwgi es donde se contemplan los mejores atardeceres debido a su situación.

Mi hotel, Sea Club Kiwengwa, se encontraba como ya he explicado en la primera entrada en la costa este de Zanzibar, y Nunwgi en el norte. El sol se ponía en el noroeste, por tanto en la zona de mi hotel siempre se ponía, mirando al mar, detrás nuestro ligeramente desviado a la derecha, y en Nunwgi se ponía justo encima del mar, que era lo que todos queríamos ver.

Después de mucho esperar, y todos ya preparados con la cámara en la mano para inmortalizar aquel maravilloso instante, el sol empezó a esconderse tras el océano índico, y ahí estábamos con la cara de lerdos disfrutando de aquel relajante momento que la naturaleza nos brindaba.





Si el cambio de las diferentes tonalidades del cielo del atardecer había sido espectacular, también lo era el negror de este una vez metido completamente el sol y salido las estrellas, que se juntaban con la linea del mar, y la Cruz del Sur resplandecía en lo más alto.

Mientras, los tanzanos daban el pistoletazo de salida a su fiesta de la luna llena, y de nuevo la playa como escenario. Hogueras, percusión y danzas eran los protagonistas y nosotros simples espectadores de tanta maravilla.

En realidad la excursión acababa en cuanto se metía el sol pero como ya dije antes con los chicos de la playa todo es posible y siempre harán lo que sea para satisfacer las ansiedades del turista, así que les pedimos quedarnos unas horitas más para disfrutar de la fiesta, y Hakuna Matata.

De vuelta al hotel, la noche era espléndida y entre los que íbamos éramos bastantes los aficionados a la fotografía, unos más preparados que otros pero todos a la espera de la mejor foto de las vacaciones, y con bastante cachondeo en el jeep le pedimos una vez más parar en un buen sitio para sacar una foto de un baobab con la luna llena de fondo, y el conductor cada x metros se paraba, nos miraba y nos decía: aquí va bien??? el tío estaba superpendiente de nuestra petición e iba mirando todo el camino el mejor sitio para hacer la foto.

Y después de las mejores risas del día nos paró en una explanada, y nuestras cámaras disfrutaron de lo lindo.


Había sido otra jornada inolvidable en Zanzíbar.




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martes, 30 de enero de 2007

Zanzíbar. Isla de Kwale

Día 4

La excursión de hoy era de día entero, la llamada Blue Day, en la que nos llevaban a la Isla de Kwale a comer langostas y a disfrutar de las playas.



Nada mejor para empezar el día que una buena sesión de huevos fritos para coger energía para toda la jornada, y tras unos 6 o 7 ya estaba con las pilas cargadas y preparada esperando al bus a la hora y lugar indicados.

Tras cruzar los bancos de algas de la playa, un camino un poquito desagradable para la belleza del lugar, y tras romperme la chancla en el intento, tener que arreglarla con una brida,


y con los bártulos en la cabeza, llegamos al barco que nos llevaría a la primera isla.


Como coincidimos muchos de los que hicimos el día anterior la de Stone Town, y ya habíamos hecho amistad, cada vez nos lo pasábamos mejor todos juntos, así que el hecho de viajar sola de momento estaba siendo una aventura de lo más satisfactoria.

Bien, pues la primera parada de esta excursión era llevarnos a un banco de arena a hacer snorkel.

Después de un precioso trayecto por mar de aproximadamente unos 30 min, por fin llegamos a aquella maravillosa isla deshabitada donde pudimos disfrutar de ella a nuestro antojo,

 podíamos coger un tubo y unas gafas e ir en busca de pececillos de colores ( que por cierto habían miles ) ,


podíamos tostarnos en la toalla bajo el sofocante sol africano, o podíamos quedarnos debajo de la carpa que habían montado los chicos tomando unos cocos y unas piñas recién cortaditas.


Los huevos fritos ya los tenía en los pies y el resto también tenían sus desayunos más que digeridos.

Era la hora de comer y nos esperaba una mariscada en una isla vecina ( porque en la que estábamos cada vez quedaba menos arena ), así que cogimos de nuevo el barco,

Y allí que nos plantamos en un plis.

Lo tenían muy bien montado, con unas chozillas en primera línea de mar equipadas con todo lo que un guiri como yo puede necesitar en estos ambientes.


Y allí nos esperaba una rica parrillada de marisco que te cagas!

Y por supuesto con una gran bandeja de langostas fresquitas del día!!


El día estaba siendo tremendo, y mientras otros se echaban la siesta con la baba cayendo de la agustera en la poca sombra que había, yo me fui a dar un paseíto por la orilla de la playa,


Creo que esta fue la primera vez en mi vida que vi un ermitaño, que triste...


Tras echar la tarde en la isla cada cual haciendo lo que le diera la gana, cogimos el barco de nuevo vuelta al hotel.

He dicho ya que las mejores puestas de sol están en el Índico??? madre mía, todas de postal...


Bastante echa polvo de estar todo el día pa arriba y pa abajo, decidí pasarme por la discoteca del hotel, a ver que me encontraba. Lo que es la ubicación está de narices, saliendo del hotel a mano derecha, y tras caminar una pasarela de troncos unos 200 metros llegas al Pontile, que de día hace las veces de restaurante de marisco no incluido en el buffet del hotel.
Lo que es la música, pues yo la verdad esperaba timbaleo rollo africano, pero nada de nada, música internacional para turistas...


Lo típico de estos hoteles, es ofrecer cada noche músicas de diferentes estilos, y esa noche tocaba música americana, guiri total, así que dos copas pa ver el ambiente y a dormir que al día siguiente me esperaba otra excursión de día entero.

Cómo me estaba gustando Zanzíbar........



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domingo, 28 de enero de 2007

Zanzíbar. Stone Town y Changuu Island

Día 3

Para hoy tenía prevista la visita a Changuu Island, o Isla de la Prisión, y a la ciudad de Stone Town.



Changuu Island perteneció a un negrero árabe que la utilizó para detener esclavos rebeldes. Posteriormente la isla fue vendida al general Mathews, quien la transformó en una prisión.
Es la única isla donde se puede observar la colonia de tortugas gigantes que vinieron hace unos siglos del atolón de Aldabra.

La salida estaba programada para después de comer, así que después de haber disfrutado de una mañana de playa, y de haberme hinchado a comer arroz con coco y patitas de cangrejo en salsa, entre otras delicias tanzanas, nos montamos en un minibus y partimos hacia la zona oeste de la isla.

El camino se hizo muy agradable porque Chiquito nos contaba cosas de su isla y nos cantaba canciones como si de un bus escolar se tratara.
.

Antes de llegar al embarcadero en el que teníamos que coger una "mashua" ( embarcación de pescadores ),


paramos en un mercado y allí pudimos flipar con la variedad tan variopinta de frutas y especias que habían.

Un mercado local es una buena manera de conocer mejor a sus habitantes, ves lo que ellos compran, lo que comen, y aquí teníamos mucho que aprender.





Tras 20 minutos de navegación en unas barcas que daban muy poca fiabilidad por fin llegamos a Changuu Island.


El principal atractivo ( o más bien el único ) de esta isla son sus habitantes, las tortugas gigantes.


Después de darles unas cuantas hojas de lechuga y de visitar también la parte de la isla a la que llevaban a los prisioneros, volvimos a Stone Town para recorrer sus calles todavía desconocidas por nosotros.


Habíamos coincidido con el 60 aniversario del nacimiento del héroe de la isla, Freddy Mercury, y se estaban preparando fiestas en su honor. De manera que la visita a la casa en la que el vivió hasta los 6 años, convertida ahora en una tienda de recuerdos, era obligatoria.


Estuvimos caminando por la Ciudad de Piedra ( Stone Town ) y admirando los magníficos portones que habían en casi cada calle, en la antigüedad la tradición mandaba decorar las puertas de las viviendas, labradas en madera de sésamo, con motivos y leyendas del Corán para protección y prosperidad del dueño de la casa.


Y después de hacer ya las primeras compras de especias, cuadros y demás por la estrechas callejuelas de la ciudad, nada mejor para acabar la excursión que una copa en un local árabe ambientado con música en directo y con las mejores vistas al océano.



De vuelta al hotel nos encontramos con una fiesta africana.


Bueno africana entre comillas porque ya se sabe que estas cosas las hacen orientadas al turista ( y más viendo que para beber nos había preparado una rica sangría africana!!! jejeje ), y que seguro que no tienen nada que ver con las que pueden organizar ellos en su poblado, pero bueno para echar unas risas y ver un poco el percal ya estaba bien.


Los masais bailaban alrededor de una hoguera en la misma playa, y con la luna llena de fondo, la noche dejaba una maravillosa estampa para el recuerdo.


Hice muy buena amistad con Carmelo, uno de los masais del poblado vecino y trabajador de una tienda de souvenirs, y él fue el que me enseñó todo acerca de su cultura, realmente apasionante y cuanto menos curiosa.


Fueron muchas las noches las que nos quedamos a la luz de la luna sentados en las hamacas de la playa compartiendo nuestras vidas y costumbres, desde luego más sorprendentes para mí las suyas que para él las mías.

Los masais son cristianos, pero con toques africanos que los diferencian claramente de los cristianos europeos.

Me contaba que ellos cuando cazan un animal tienen por costumbre hacer un pequeño orificio en la yugular de este, recoger la sangre y tapar la herida con guano para evitar que el animal se desangre, esta sangre mezclada con leche es un aporte de vitaminas muy saludable sobretodo para los niños que están en época de crecimiento, vamos como nuestro colacao pero el suyo color batido de fresa y con coagulitos,mmmmm buenísimo!! jejeje!

A un occidental le puede resultar desagradable, pero se dice que la alimentación y la cultura medicinal de la tribu ha conseguido que algunos masais hayan llegado a alcanzar los cien años, algo impensable en países del este de África donde la esperanza de vida no llega a los cincuenta años.

En el continente viven en campamentos llamados "enkang", formados por casas que no superan el metro y medio de altura y que ellos llaman "bomas", construidas con excrementos de vaca y paja.

Y un sinfín de aventuras más que me contaba mi amigo Carmelo siempre antes de irnos a dormir.





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