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viernes, 26 de julio de 2013

Zamora

Zamora, ciudad que se alza sobre una amplia meseta rocosa (la "peña tajada" de la que habla el Romancero Viejo), y emplazada al borde del río Duero, que la ciñe por el sur.


Allí que nos íbamos a hacer turismo por la España profunda, tan desconocida hasta el momento para mi...

Nos alojamos en el Parador de Zamora, un antiguo palacio renacentista del S.XV.

En el centro histórico de la capital zamorana, se alzaba este hotel palacio construido sobre una antigua alcazaba musulmana.

El aroma medieval del interior, que se apreciaba en armaduras, tapices nobiliarios y atractivas camas con dosel,


 se combinaba con el estilo renacentista de su patio, galería acristalada de madera y escudos heráldicos.


Con unas vistas desde la habitación magníficas al río Duero.


Tras instalarnos, nada mejor que un paseo por su caso antiguo, que tenía  la calificación de Conjunto Histórico-Artístico desde 1973.



Caminando llegamos a la Catedral de Zamora, dedicada al Salvador, se inscribe dentro del denominado Románico del Duero, distinguiéndose por ser la más pequeña y la más antigua de las once de la Comunidad de Castilla y León.


A continuación llegamos al Castillo de Zamora,


se trataba de una de las obras más importantes dentro del recinto amurallado de la propia ciudad, así como del contexto castellano y leonés en general, y estaba ubicado sobre una elevación natural que le daría más poderío defensivo si cabe en su época.


Según las crónicas fue mandado construir por Alfonso II de Asturias, aunque los estudios realizados por diferentes historiadores afirman que probablemente estaría realizado por Fernando I de León.


Por tanto, el edificio dataría de mediados del siglo XI. En cualquier caso, de esta época quedan muy pocos restos.


Desde él se tienen unas tremendas vistas de la ciudad.


Actualmente se conservaba el perímetro del castillo, rodeado de un foso que se hallaba casi íntegro. Los muros de mayor importancia, el patio de armas y la torre del homenaje también habían llegado hasta nuestros días.


Ya de noche, dimos otro paseo por el centro en busca de algún sitio para cenar,


Frente a la iglesia de San Juan de Puertanueva, se encontraba en monumento al Merlú, obra del escultor zamorano Antonio Pedrero.

El Merlú es el nombre que reciben aquellas parejas de congregantes de la Cofradía de Jesús Nazareno y cuya labor consiste en reunir a los demás hermanos para comenzar el desfile procesional.


Al final echamos unas ricas tapas en uno de los numerosos bares del centro.


A la mañana siguiente dimos cuatro paseos más por la ciudad,



 y para acabar la visita pasamos por el Duero, contemplando de fondo la Aceñas de Olivares.


Durante la Edad Media era muy habitual la existencia de numerosas aceñas ubicadas en las riberas de los ríos zamoranos, aprovechando la fuerza motriz de las corrientes.

3 comentarios:

Zamora, una ciudad encantadora y bonita para ser visitada y disfrutada.

El año pasado estuve en Zamora con mi esposo y terminamos encantados. Pensamos regresar a España este año y visitar más ciudades y pueblos pequeños

A mi es una ciudad que me encanta y se come del 10.
Saludos viajeros
El LoBo BoBo

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