Día 5
Como comenté en la entrada de mi primer día en Bangkok, el hotel que elegí fue el Lucky House y fue un graaaaaaaan error. Aparte de los bichos, los ruidos, los olores y la suciedad que venía ya de serie incrustada por todos los rincones del hotel, he de decir que son unos ladrones, unos timadores y unos desgraciados y lo digo así tal cual porque me da la gana y porque este es mi blog y puedo decir lo que quiera sin que nadie me prive los comentarios porque los vea ofensivos ( como me ha pasado en ciertas webs de opiniones...)
Si lo ven ofensivo pues lo siento mucho, también me ofendí yo cuando me querían cobrar las sábanas porque decían que estabas sucias, cuando estaban sucias DESDE EL PRIMER DÍA, lavadas eso sí pero con unos lamparones como farolas.
Así es, al momento de dejar la habitación, la recepcionista, que ya desde el primer día noté que no le caí muy bien ( otra mal foll... como la del aeropuerto ), llamó a la limpiadora y la mandó cagando leches a ver mi habitación, por si había roto algo, qué graciosa ahora se preocupaba cuando en 4 días no había entrado ni uno sólo a limpiarme la habitación y había tenido que comprarme hasta el papel higiénico en el 7/Eleven...
La limpiadora bajó diciendo que las sábanas estaban sucias y que esas manchas no las podía quitar. Ya, tampoco las pudiste quitar antes de ponérmelas y me las pusiste no perra??
El día de la llegada tuve que pagar 500 baths de fianza, cosa que no se avisa al hacer la reserva online, y que en ese momento curiosamente coincidían con el importe de las sábanas que me quería cobrar y que me enseñaba en una hoja de precios de esas de cosas que si rompes pagas.
Después de discutir un ratazo con ella y de decirme incluso que pasara a lavarlas yo misma...¿..?, como veía que no me devolvía la fianza, echando humo por la nariz me fui a la comisaría que había justo enfrente.
El policía no me hacía mucho caso cuando le contaba la historia, y no me extraña, ahora me resulta ridículo haber ido a la policía por unas sábanas, pero con el buen rollo que llevaba yo, y que encima no me había quejado de nada en toda mi estancia a pesar de las carencias, no me hacía nada de gracia que me tomaran el pelo por algo que realmente no había roto ni manchado yo.
El policía me acompañó al hostal y empezaron a hablar en tailandés, y claro no me enteré de nada, no sabía que versión estaba dando la mal foll... de la recepcionista.
Luego hablé yo de nuevo y así estuvimos en la misma conversación durante un rato sin ceder ninguno,y a punto ya de tirar la toalla y las sábanas incluidas a tomar por saco, el policía me preguntó que qué me parecía si en vez de pagar los 500 baths de la fianza, pagaba sólo 200, no entendía nada pero obvio le dije que sí, con tal de irme ya de aquel sitio.
No sé que chanchullo tendría el policía con la mal foll.. pero al final acabó dándome él mismo los 300 baths. No daba crédito...dónde está la cámara oculta??
Con los billetes en la mano me fui de allí cagando leches porque algo me decía que podía estar en una situación complicada, porque si el policía había pagado por mi algo querría a cambio, y sí, algo
quería.
Mientras bajaba las escaleras apresuradamente con las mochilas, escuché al policía que me llamaba...me empezaron a temblar las piernas, aaaaaayyyy dios que querrá este ahora? y a quién recurro si me pasa algo con él? se me iba a salir el corazón por la boca cuando me dice que si me hago una foto con él...Ahora si que entiendo menos, una foto?? El policía que le acompañaba y que no había intervenido en todo el rato agarró el móvil y nos sacó una foto, mi cara tenía que ser un poema, no entendía nada, de pronto me pidió otra pero "now with the sheets" ahora con las sábanas me decía, y yo pensaba bueno mientras sólo quiera eso, estira la sábana y que eche la puta foto.
Salí de allí bastante cabreada la verdad, pero bueno todo había quedado en un desagradable pero pequeño percance. Eso no entraba en mis planes, así que rápidamente me puse a pensar que hacer el resto del día.
Mi primera opción para tantos días en Bangkok era pasar uno de ellos en Kanchanaburi, pero el día que fui a comprar el billete de tren me dijeron que la ruta estaba temporalmente fuera de servicio por el mantenimiento de las vías del tren, y yo precisamente lo que quería visitar era el Tren de la Muerte así que si no había vías de tren no había viaje.
Mi idea era dejar la mochila en el hostal hasta la noche que cogiera el tren para Chiang Mai, pero visto lo sucedido tuve que pensar en otro sitio para dejarla y fue en la estación de Hua Lumpong, desde donde cogería más tarde el tren.
Así que allá que me fui en taxi porque con el susto todavía me temblaban las piernas, y dejé felizmente la mochila por unos 50 baths creo.
Liberada de bártulos me fui a coger un barco dirección Wat Arun, el templo del amanecer.
La parada de la linea que recorría el río Chao Phraya en la que se encontraba el Wat Arun estaba en la otra orilla, así que desde ahí tenía que coger otro barco que por 3 baths me cruzaba hasta el otro lado.
El templo, también estaba en obras ( como me había pasado con los pies del Wat Pho ), pero aún así me pude sorprender con sus formas, mosaicos e historia.
Alrededor de la base de las torres se localizan varias figuras chinas de soldados y animales.


La visita se hace muy agradable con el tintineo de cientos de campanas que al mecerse con el viento hacen un sonido muy espiritual, perfecto para recorrerse el templo en silencio contemplando cada uno de sus rincones.
El Buda de Oro de su interior tiene una sorprendente historia detrás.
A principios de los años 30, unos trabajos de acondicionamiento de las orillas del río Chao Phraya, cerca del barrio chino de Bangkok, requirieron la destrucción de un viejo templo abandonado que contenía una estatua de Buda en estuco dorado. Como era impensable destruir la estatua, a pesar de su aspecto poco atractivo, se decidió trasladarla al Wat Traimit, una pagoda de poca relevancia, como hay tantas en la ciudad, y porque estaba en el barrio chino.

En 1955, debía construirse un nuevo edificio, y los monjes decidieron instalar allí la estatua.
Al alba, el superior de la pagoda volvió a pesar de todo a evaluar los daños, y empezó a quitar los restos de barro de la estatua, observando que el estuco mojado estaba agrietado y dejaba ver un metal brillante. Tras algunas indagaciones se apercibió que bajo el estuco, la estatua era de oro macizo. Esta noticia dio la vuelta a la ciudad, asegurando al templo una fama, una riqueza y un incremento en las visitas nunca más disminuida.

Se supone que la estatua, procedente de Ayutthaya, fue disimulada bajo una capa de yeso para sustraerla de la codicia de los birmanos que asediaban la ciudad. Más tarde, transportada a Bangkok, se perdió su recuerdo, permaneciendo sepultada en el olvido durante casi 200 años.
Una vez visitado el exterior del templo, seguí en dirección a la estación. Se avecinaba tormenta y tenía que ponerme a resguardo.

Me encantaba ir en aquel tren y poder ir contemplando las estrellas, desde aquel lugar remoto del planeta. Momento perfecto, una cama con vistas al cielo, un traqueteo que induce al sueño, el aire de la noche en mis mejillas y una buena música en mis oídos antes de quedarme dormida...
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