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domingo, 4 de diciembre de 2016

De Split a las Islas Croatas. Zlatni Rat, Isla de Brac

Día 6


En todas mis vacaciones suelo reservar días para visitar playas, un viaje sin mar es como un viaje incompleto para mi, así que aproveché el buen tiempo de finales de septiembre que me estaba haciendo por Croacia para visitar las isla dalmatas, en busca de solecito, relax y chapuzones.

A las 8 de la mañana el barco zarpaba desde Split hasta la Isla de Brac, trayecto que duraba una hora.




El barco me dejó en el puerto de Supetar, pero mi objetivo estaba en la otra punta así que cogí un autobús hasta Bol.



Por fin en mi pedazo de habitación con baño y terraza privada, cogí los bártulos playeros y me fui corriendo a la playa que tanta ganas tenía de conocer, la de Zlatni Rat.


Esta playa aparte de por sus limpias y transparentes aguas, es famosa por su forma, siempre cambiante debido a las mareas, a las corrientes y al viento, virando hacia el mar con 634 m de largo. 

Se accede a través de un gran agradable paseo bordeando el mar.



Antes de llegar al final se pasa por otras playas, igual de bonitas y algo más tranquilas quizás.




Nada  más llegar a la playa, bastante solitaria por cierto, los pocos chiringuitos que habían ofertaban sus bebidas y frutas naturales a precios de risa, y que mejor para empezar una tarde playera que con un vaso de fruta fresca variada.





Tras unas cuantas horas al sol, cuando empezó a oscurecer regresé al apartamento.

El trayecto hasta el centro también se puede hacer en taxiboat para los más perezosos.









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sábado, 26 de noviembre de 2016

Trogir y Split. Croacia

Día 5

Amanece un nuevo día en mi aventura por Croacia, y lo empiezo tempranito porque hoy toca ver otras dos ciudades, Trogir y Split.
La noche anterior había comprado unos víveres en el super, entre ellos pan y paté, y a falta de navaja multiusos (que ya viaja conmigo siempre), ni de cuchillos ni de nada me las ingenié como pude para hacerme unas tristes rebanadas contemplando aquellas tristes vistas.


 

De Sibenik a la primera parada, Trogir, había poco más de una hora de camino. 


Al llegar dejé la mochila en el guardarropa de la estación por un euro y pico creo, y me puse a recorrer la ciudad.

Trogir está construida sobre una pequeña isla de aproximadamente 1 km², y su centro es considerado como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1997.



Según el informe de esta institución: "La planta ortogonal de este asentamiento isleño data del periodo helénico y fue posteriormente embellecido por los sucesivos regidores con agradables edificios públicos y domésticos, así como fortificaciones. Sus bellas iglesias románicas se ven complementadas por sobresalientes edificios renacentistas y barrocos del periodo veneciano".

Trogir es el complejo románico-gótico mejor conservado no sólo del Adriático sino de toda la Europa central. El centro medieval de la ciudad de Trogir, amurallado, incluye un castillo con torre bien conservado y toda una serie de palacios de estilos románico, gótico, renacentista y barroco.

El castillo de Camarlengo data de 1430, y fue construido durante la dominación veneciana de Trogir para servir de residencia a su gobernador.

Se podía pagar una entrada y visitar su interior, pero yo preferí sacarle cuatro fotos desde fuera y listo. 

La principal construcción de Trogir es la Iglesia de San Lorenzo, cuya entrada oeste es una obra maestra de Radovan, y la más destacada obra del estilo románico-gótico en Croacia.


Su construcción comenzó alrededor del año 1200 y fue completamente terminada en 1589. Presenta todos los estilos arquitectónicos. 

Tampoco pagué entrada para verla por dentro, ya está bien de cobrar entradas por todo hombre!!

La ciudad desde luego es bastante bonita, tenía toda la mañana para explorarla y como tampoco es que fuera muy grande me lo tomé con calma.







Trogir molaba, y molaba mucho, esas calles empedradas, tranquilas y apretadas, esa esencia de pueblo costero tranquilo y afable...


 Ese contacto con el mar será lo que la hace tan especial digo yo, porque bonita lo es un rato.


En sus calles se pueden encontrar recuerdos y souvenires de todo tipo. Hay bastantes tiendecitas de artesanía local y de ropa, a precios de guiri claro como no podía ser de otra manera en un sitio tan turístico.

Pero vale la pena aunque sea llevarse una bolsa de gominolas. Yo no es que sea muy amante del dulce en general, ni pasteles ni bollería ni nada de eso, pero las gominolas si,siiiiiiiiiiiii! las gominolas si que molan!!! y era imperdonable no irse de allí sin una bolsita de cosas blanditas de color rojo...mmmmmmmmmmm


Antes de la gominolas me metí un pedazo de bocata comprado al lado de la estación por uno o dos euros con todos los ingredientes que habían en la parada, con el que me quedé requetebien servida.

Recogí la mochila del guardarropa y me monté en el siguiente autobús con destino a Split.



Aquí tocaba pernoctar, y me había reservado una habitación en un apartamento compartido por unos 10€ la noche .

Después de encontrarlo, porque aquello estaba en Mordor, tuve que esperar a que vinieran los dueños a darme las llaves, un ratico largo la verdad, momento que aproveché para reponer fuerzas de tanta cuesta.

Ahora tocaba recorrerse Split, así que Let's Go!

Split es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático, así como un centro cultural y turístico importante; la ciudad antigua es una joya arquitectónica  y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

La historia nos dice que la ciudad creció alrededor de la casa de descanso del emperador romano Diocleciano, quien nació cerca de allí en el año 245 d.C.

 Se retiró en el año 305 al palacio que había construido cerca de Salona y fue sepultado allí en el 313.


El palacio fortificado de Split se convirtió después en una fábrica de uniformes romanos y en el núcleo de la ciudad.

A principios del siglo VII, después de que la cercana ciudad romana de Salona fuera saqueada por los ávaros (nómadas de Asia central), los refugiados convirtieron el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo de Diocleciano en la catedral de la ciudad.

Perdiéndome entre sus ruinas me topé con un coro, y aunque no soy  amante de este tipo de música me resultó curioso escuchar sus voces como al unísono retumbaban en aquella torre...









Split basa principalmente su economía en el turismo y en la industria naval. 



Bordeando el paseo marítimo llegué hasta la oficina de venta de billetes de Jadrolinija, la compañía naviera con rutas entre varias islas dálmatas.
Mi objetivo era comprar el ticket para el día siguiente rumbo a la isla de Brac.


Llevaba todo el santo día pateando sin parar y ya tenía ganas de regresar al apartamento a descansar y a planificar el día siguiente, pero antes me volví a recorrer el centro histórico de Split en modo nocturno y sin gente, IMPRESIONANTE.







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