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domingo, 27 de agosto de 2017

Archipiélago de San Andrés, Colombia

Julio 2016

Me suelo pillar vacaciones cada tres o cuatro meses para desconectar el cerebro de un trabajo tan estresante y tan a contrareloj como el mío, y en esta ocasión llevaba desde diciembre del año anterior, o sea 7 meses sin irme a ningún sitio. 
Si, esta muy bien esto de currar en el aeropuerto y tener vuelos casi gratis pero cuando estas en dos trabajos a la vez y no puedes hacer coincidir vacaciones es una gran putada, así que estas me las había ganado a pulso!

Una vez decididas las fechas faltaba el destino y aprovechando los vuelos gratis de la compañía aérea para la que trabajo elegí Colombia para mi siguiente viaje.



Volvía a hacerlo en solitario, y como Colombia puede ser algo peligroso para una mochilera solitaria como yo, elegí un destino un poco más salvaje y tranquilo como el archipiélago de San Andrés, ideal además para hacer lo que quería hacer, tostarme en playas paradisíacas y bucear, mi gran pasión.

La ruta que hice fue la siguiente:

Día 1: Barcelona-Bogotá
Día 2: Bogotá-San Andrés 
Día 4: San Andrés 
Día 5: San Andrés-Providencia
Día 6: Providencia
Día 7: Providencia
Día 8: Providencia-San Andrés-Bogotá-Barcelona



Día 1

El sufrimiento empezó en el Aeropuerto de Barcelona, ya que al viajar con billetes de staff me tenía que esperar hasta el último momento para saber si habría alguna plaza libre o no, que por suerte ese día la hubo.
Tras más de 10 horas de vuelo y un cuantos champanes en el cuerpo llegué al aeropuerto de Bogotá sobre las 9 de la noche.

El vuelo a San Andrés no salía hasta el día siguiente a las 8 de la mañana, así que decidí ahorrarme unos duros y quedarme en el aeropuerto a dormir.

El viaje lo hice en julio, así que salí de Barcelona en chanclas, además en San Andrés me esperaban unos 35 grados, pero no caí que en Bogotá siempre hace frío, así que triste de mi me vi en el aeropuerto de El Dorado con calcetines y chanclas cual guiri del norte y enroscada a la manta que amablemente me habían dado en el avión ( con la tiritera debí de darles pena a las azafatas...).

Pase un frío de cojones tirada en las sillas con las mochilas entre medio y con la manta hasta la cabeza  hasta que se hizo de día y abrió la facturación para mi siguiente vuelo.




Día 2

Por fin se hizo la hora de facturar de nuevo, y otra vez tocaba ver como quedaba finalmente el vuelo para saber si podría embarcar o no.

Al final tuve suerte otra vez y conseguí mi asiento. Llegue al avión y lo ocupé, y mientras miraba por la ventana como los operarios cargaban las maletas se me ocurrió preguntarle a la azafata si era posible ver el despegue desde cabina, ya que trabajaba en la compañía y me hacia mucha ilusión. Tras identificarme y notificárselo al capitán este accedió, y me ofreció hacer el todo el trayecto en el jumpseat de cabina. Ooooooooooouuuuuuuuu yeeeeeeeeaaaaahhhhh! No me lo podía creer!!! Para allá que me fui, y me presenté al comandante y a la copiloto.
 Me dieron muy amablemente la bienvenida y me invitaron a leerme el manual correspondiente al sitio que estaba ocupando en el avión, en como actuar ante mil situaciones, ya que iba a estar en la cabina durante todo el vuelo y debía de saber algunos conceptos en caso de cualquier imprevisto.

Estaba emocionadísima de poder vivir aquello tan de cerca, me encantaría poder pilotar un avión y dedicarme a ello, así que aquello era lo más cerca de lo que hasta ahora había estado en mi carrera en el mundo de la aviación. 

Cuando llegamos a pista y el avión empezó a acelerar mi corazón parecía que iba también a despegar de mi pecho, que subidón!!!!!!

El trayecto duraba una hora y media aproximadamente, durante la cual no paré de escuchar las sabias instrucciones del piloto acerca de los cincuentayochomil botones que teníamos delante. Fue una auténtica gozada para mi que me explicara paso a paso el funcionamiento de todo!!!

Qué mejor manera de ver los maravillosos e intensos colores del mar en esa zona del Caribe que desde la mismísima cabina del avión! Encima cuando ya estábamos descendiendo tuvimos que dar alguna vuelta de más a la isla hasta que dieron paso para poder aterrizar, así que disfruté de lo lindo contemplando la isla desde arriba con la mejor panorámica del mundo.
Lástima que no me dejaron hacer ninguna foto, pero bueno lo tengo grabado en mi disco duro mental para siempre.

El aterrizaje fue sin duda lo mejor de la experiencia, conforme nos aproximábamos a la pista nos atravesó una nube con lluvia, y mientras se escuchaba una locución con los metros a los que estábamos del suelo " five hundred...four hundred...three hundred..."  se activaron los limpiaparabrisas, hubo un momento de acción entre el comandante y la copiloto, y mi cara se puso blanca.
Afortunadamente fue solo eso, una nube porculera justo antes de tocar tierra, y ambos hicieron un gran trabajo!

A pesar de todo bajé encantada del avión, y con una sonrisa de oreja a oreja me fui a recoger mi equipaje y a respirar aire caribeño.

Al salir del aeropuerto, me di cuenta de que no habían buses que fueran hacia el centro, así que me pille un taxi hasta mi alojamiento para la primera noche, el San Andrés Vive, que por cierto fue el peor alojamiento de toda mi historia de viajera.

Lo único bueno de este lugar era que tenía dos camas para mi sola y que estaba a 2 minutos de la playa, por lo demás horrible, estaba sucio ( a pesar de no poder ocuparlo a la llegada porque según la dueña tenía que limpiarlo.. ), no tenía ventilador ni aire, estaba en una zona que daba miedo, y lo peor era al momento de la ducha que por alguna extraña razón empezaban a picarte los ojos y el cuerpo, aparte del detalle de que la alcachofa estaba justo encima del water y la verdad se hacía bastante difícil el aseo...



Solté bártulos en aquel antro y lo primero que hice fue irme a comer.
No me calenté mucho la cabeza en buscar el sitio, ya que tenía bastante hambre y cualquier restaurante me valía en ese momento.

Esperé y esperé mi comida con el estómago rugiendo cada vez más...no me daba cuenta que estaba en el CARIBE y que aquí toooooooodo se lo toman con mucha calma.

Tras un par de Smitnoff Ice me sirvieron estos ricos tallarines marineros con gambas y calamares.



Y después de una vueltecilla por la zona y con el estómago lleno tuve que irme a descansar porque estaba reventada de no haber dormido en muchas horas y con jetlag que llevaba a cuestas....ZZZZzzzzz




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