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jueves, 6 de abril de 2017

Las 9000 callejuelas de la Medina de Fez, Marruecos

Día 2

Amanece un nuevo día en Marruecos y lo hacemos con la nariz congelada y la cara casi lila. La noche anterior me había quedado dormida hasta con el gorro de lana puesto, que friiiiiiiiiiiiiiiiiio por Dios!!

El desayuno estaba incluido en el precio, y con el frío que había pasado me levanté con una necesidad imperiosa de meterle calorías al cuerpo.

Lo que me encontré fue esto:

un hojaldre hipermegadulce, cuatro trozos de pan y mermeladas varias, un pequeño vaso de zumo y otro de te con menta.
No era mi desayuno ideal pero bueno, lo mejor del momento fue amorrarme a la estufa mientras esperaba a que me lo sirvieran.

Con el estómago medio lleno y el pañuelo a la cabeza cual autóctona nos fuimos de nuevo a la Medina, a seguir perdiéndonos por sus 9000 callejones.

Gracias a la aplicación de Mapsme y un poquito también a nuestra orientación, conseguimos movernos por dentro con menos dificultad que el día anterior.


Al ser viernes muchos de los comercios estaban cerrados, pues para los musulmanes es su día de fiesta.


A pesar de eso había bastante movimiento entre las calles, sobre todo de burros, el único medio de transporte que circula por la Medina. Hay que ir con ojo porque van a toda ostia, así que más vale prevenir que ser atropellado por un burro.


El paseo nos llevó hasta la Mezquita Al Qaraouiyine, que también es una universidad islámica. 


Fue construida en el año 859 por dos mujeres tunecinas, y es considerada por el libro Guiness de los récords, la institución universitaria más antigua todavía en funcionamiento.


No muy lejos de allí se encuentra la famosa plaza Seffarine, entre los barrios de los tintoreros y los curtidores.


Así que ya que estábamos en el barrio de las pieles aprovechamos para visitar una tenería. 
En Fez las hay a montones y sus dueños salen a las calles en busca de turistas para enseñarles el arte de las pieles y para que por supuesto después les compren algo.

La verdad el proceso es muy interesante, y desde la misma azotea de la tenería, disfruté con las explicaciones del dueño de todos los pasos para convertir la piel de los animales en cuero.

Se usan pieles de dromedarios, cabras, vacas y ovejas. Lo primero que hay que hacer es quitarle cualquier resto de carne y pelo a las pieles.
Luego se sumergen en una mezcla de agua, excrementos de paloma y orines de vaca para conseguir el curtido ( motivo por el cual Fez huele tan mal ).



Tras el curtido pasan a las pozas para teñirlas, utilizando para los colores diferentes especias, minerales y elementos vegetales.
Una vez teñidas se cuelgan en los balcones de la tenería para su secado.
Y ya están listas pasar pasar a manos de los artesanos quienes las transformarán en babuchas, bolsos, carteras, cinturones, etc.

Con el pelo de los animales, que por supuesto también se aprovecha, se hacen preciosas alfombras y tapices varios.



Tras las explicaciones nos hicieron pasar a la tienda, como no, para que les compráramos algo.
Yo no me pude resistir y compré un bolso de piel de camello, precioso pero que meses después de haberlo comprado todavía huele a caca de paloma con orines de vaca...

Salimos de la Medina ( ahora ya sin tantos problemas ), y decidimos comer en un restaurante que había a pie de calle con las ollas allí mismo.
Vimos que el plato estrella que se pedían todos los que paraban ahí eran unos fideos con pollo, así que nos sentamos a probar la gastronomía típica del lugar.
No estaban malos, pero tenían un intenso sabor a cilantro, y esta es precisamente la única hierba que no me hace mucha gracia...


Como los fideos no me habían gustado mucho, me fui a buscar algo más contundente y que mejor que un rico bocata de camello. Eso siiiiiiiiiiii que estaba rico!!


De ahí nos acercamos a la estación de autobuses para comprar los billetes para ir al día siguiente a Chefchaouen.


De vuelta hacia la Medina, dimos una vuelta por sus alrededores,



hasta llegar al Palacio Real, construido en el siglo XIV, y considerado uno de los más grandes y antiguos de Marruecos.

No se puede visitar, así que hay que conformarse con admirar desde fuera sus 7 puertas de diferentes tamaños que representan los siete días de la semana y los siete niveles de la monarquía.

Cerca de allí se encuentran los jardines reales, perfectos para tomar un poco de aire puro antes de volver a los apretados callejones de la Medina.

De camino al interior, una chica marroquí, que nos había escuchado hablar en español, nos preguntó si podía venir con nosotros, ella quería aprender español y a cambio nos quería guiar por las calles de la Medina. Ya teníamos casi el camino sabido para regresar al Riad pero accedimos a que nos acompañara el resto de la tarde mientras nos explicaba a cerca de su dura religión y cultura.

Pasamos por el barrio judío, o Mellah, que es el nombre con el que se conocen a los barrios judíos amurallados existentes en algunas localidades de Marruecos.










Tras recorrernos no las 9000 calles sino algunas menos y de hacer mil compras, antes de volver a nuestro acogedor y calentito alojamiento nos sentamos en una de las acogedoras terrazas que hay en el interior de las murallas a tomarnos a falta de una buena copa de vino, un sano te con menta y pastas.


El peor momento del día vino después a la hora de ir al lavabo en aquel restaurante...

En serio?????


Creo que soñé con esas "relucientes" juntas durante el resto de mis noches en Marruecos...


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miércoles, 29 de marzo de 2017

Descubriendo la Medina de Fez, Marruecos



Diciembre 2015

Marruecos era uno de esos países que siempre había querido visitar pero que nunca había encontrado el momento, además de que no es un destino muy recomendable para una viajera solitaria como yo, así que en cuanto tuve la oportunidad de ir acompañada no me lo pensé dos veces y saqué los billetes para Fez.



Fez es la tercera ciudad más poblada de Marruecos, después de Casablanca y Rabat, es la capital del Islam del país y una de las cuatro ciudades llamadas "imperiales" junto a Marrakech, Mequinez y Rabat, quizás de entre todas ellas la más importante.
Cuenta con calles laberínticas, y con la Medina de Fez el-Bali, uno de los mayores emplazamientos medievales que existen actualmente en el mundo.

Para este viaje solo disponía de 4 días así que teniendo en cuenta las distancias en Marruecos no podía visitar muchos sitios, así que la ruta fue la siguiente:

Día 1: Llegada a Fez.
Día 2: Fez
Día 3: Chefchaouen
Día 4: Fez
Día 5: Fez-Barcelona



Día 1

Empieza la aventura y lo hace con las impresionantes vistas desde el avión de las montañas y los lagos marroquíes.










El paisaje parecía como sacado de un libro retocado con photoshop hasta el último píxel, pero os aseguro que esta foto está tal cual la saqué con un Sony Ericsson de hace unos 10 años.







Tras un par de horas de vuelo tomamos tierra en suelo marroquí.




El Aeropuerto de Fes Sais nos daba la bienvenida al país, bastante moderno por cierto, nada que ver con el tipo de arquitectura que veríamos el resto del viaje.



Desde el aeropuerto sólo hay que caminar unos metros para coger el autobús hasta el centro (el 16 por 4 dirhams el trayecto ), en nuestro caso íbamos hasta la misma Medina, así que una vez en el centro tuvimos que tomar un taxi por 20 dirhams.

El alojamiento reservado para este viaje fue el Riad La Maison Adam, muy cerca de la Medina.
Allí nos recibió muy amablemente Tarik, su dueño, que con un te con menta y desde la azotea del alojamiento nos explicó un poco acerca de su ciudad y nos dio algún consejillo para movernos por la Medina sin guía, como teníamos la intención de hacerlo.



Una vez listos para recorrernos las calles lo primero que hicimos fue buscar algo de comida.

Nos sentamos en un restaurante local en el que solo hablaban árabe. Cuando nos trajeron la carta lo único que tuvimos claro fue el precio, y en vistas de que nadie nos podía explicar que era cada cosa nos fuimos.


La mejor opción fue hacer unos kebabs en un puesto de la calle donde por lo menos veíamos los ingredientes. Precio: 20 dirhams.






Nos dirigimos hacia la Medina y como he dicho anteriormente sin guía.

Si se tiene poco tiempo por ejemplo o si realmente no queremos andar perdidos por dentro lo ideal es contratar un guía, oficial o no, ahí ya depende de uno mismo, pero nosotros no teníamos prisa así que nos aventuramos a callejear por la Medina a nuestro rollo.


La Medina de Fes el Bali es la parte más vieja y amurallada de la ciudad de Fez. Fue fundada por  Idris II en el año 809.
Clasificada como Patrimonio de la Humanidad en 1981, está considerada como la mayor zona peatonal del mundo.


La Medina comprende más de 300 barrios y 9.000 callejones, gran parte de ellos sin salida. Aunque la norma ya no se aplica, antiguamente cada barrio contaba con una mezquita, una escuela coránica, un horno, una fuente y un hammam.
Se puede acceder a ella a través de cualquiera de sus puertas principales. Nosotros en esta ocasión lo hicimos por la que nos quedaba más cerca del Riad, la Bab Sid L'Aouad.

Al atravesarla se llega a una gran plaza en la que se puede encontrar algún que otro vendedor ambulante de cualquier cosa, o los típicos guías no oficiales con los que se puede regatear precios.
Una vez dentro de la Medina es cuando uno empieza a perder un poco el norte y acababas totalmente desorientado, lleves el mapa que lleves ninguno podrá reflejar los 9000 callejones.
La cosa se complica cuando es de noche y uno se mete en las calles que no debe, ya que son frecuentes los asaltos a turistas desorientados, así que hay que ir con precaución.

Las calles parecen todas iguales, suerte que a alguien en su día se le ocurrió dividirlas por sectores, de esta manera uno puede caminar por la calle del cobre,


la de las babuchas,


la calle de los trajes,


de los pijamas,


o de los dulces por ejemplo.


Aún así no es fácil desenvolverse por el interior de la Medina, y menos si es el primer día de visita. 
Podemos tomar como referencia las dos calles principales, la Talaa Kbira (la gran cuesta) o la Talaa Sghira (la pequeña cuesta), y de ahí ir tomando los callejones que las cruzan.

Aparte de comercios se pueden observar una enorme cantidad de mezquitas, hamanes y artesanía tradicional árabe por cada rincón de la Medina.


Se estaba haciendo de noche y lo mejor era empezar a buscar la salida de aquel laberíntico lugar, ardua tarea con tantos callejones y siendo nuevos por la zona...

Los habitantes del lugar, que se las saben todas, son conscientes de la dificultad que representa para el recién llegado guiarse en la maraña de callejones de la Medina, por lo que muchos niños se ganan la vida guiando a los despistados como nosotros, cobrando claro, y encima la mitad lo que hacen es dejarte en otro sitio para que una vez allí te guíe otro grupo de chavales, y les vuelvas a pagar...una pena que la juventud del lugar se dedique a eso y a vender hachís en cada esquina.


Mientras los niños nos llevaban por donde les daba gana yo iba disfrutando de las mezquitas que me encontraba por el camino, porque aunque no sea creyente he de reconocer que esas construcciones y esas puertas tan perfectamente talladas eran dignas de ser admiradas, tengas la religión que tengas.


Los niños ya me tenían mosqueada porque llevábamos ya más de media hora intentando salir de aquel lugar que empezaba a resultarme claustrofóbico, así que decidimos deshacernos de ellos y tirar de aplicación en el móvil para llegar a nuestro Riad. 
La que yo utilizo en todos mis viajes se llama Mapsme, se descarga el mapa seleccionado y se puede utilizar offline y en modo avión en el teléfono, ideal para no gastar los datos si estamos en el extranjero.


Nos dio alguna que otra vuelta pero por fin pudimos salir de ahí.

Nuestro Riad se encontraba a unos metros de una de las entradas a la Medina.
El interior está decorado al más puro estilo tradicional árabe, tanto las zonas comunes como las habitaciones. Con colores intensos por todos lados, en azulejos, cristales, mantelerías, ropa de cama, alfombras...


El punto negativo de este Riad, a mi parecer claro, fue el frío que hacía dentro.
Nosotros fuimos en diciembre y la verdad calor no hacía, por las noches se llegaban a los 7-8 grados en el exterior y el alojamiento al ser bastante oscuro es también bastante frío. 
Si que es verdad que contaban con una estufa de uso compartido para las zonas comunes y las habitaciones, pero sólo daba tiempo a meterla en tu cuarto a la hora de ducharte y pasársela al vecino de la habitación de al lado.


La primera noche, cansados del viaje y de la caminata por la Medina, decidimos cenar en el mismo alojamiento y reservamos un rico tallín tradicional marroquí.


Me encanta la cocina y sobretodo probar cosas nuevas, y la cocina marroquí la había comido en muchas ocasiones tanto en restaurantes como en mi propia casa. Será por eso que la que me sirvieron en esta ocasión no me impresionó mucho...


Pelados de frío y despidiéndonos de nuestra querida gran amiga la estufa nos fuimos a nuestra acogedora habitación, que nos daba a bienvenida a una estupenda noche de tiriteras.