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domingo, 11 de octubre de 2015

Railay Beach, Ao Nang

Día 10

Hoy tocaba playa, así que me desperté bastante rápido y me fui corriendo a la ventana a ver que día hacía. Mierda, estaba nubladísimo y a punto de llover...me quedaba sin ver esas aguas tan claras y cristalinas típicas de esa zona, por lo menos ese día.

En fin, ante las inclemencias del tiempo poco se puede hacer, así que decidí igualmente pasar el día en la playa pero en la de Railay Beach, ya que la de Ao Nang no tenía nada de especial.


Compré el billete en la caseta que hay justo en la curva donde empieza el paseo, y al empezar a navegar por aquellos parajes me sentí como una viajera a la que van a soltar en una isla solitaria donde tiene que sobrevivir y buscarse la vida, al más puro estilo "Aventura en pelotas".

Fuimos navegando y dejando atrás otras playas antes de llegar a Railay.



La sensación de tener toda la playa para mi sola era increíble, así que a pesar de las nubes, aproveché para darme unos baños, el agua estaba a una temperatura ideal y por lo menos hoy no pasaría el calor sofocante de Tailandia que llevaba pasando estos últimos días.




Que gustazo tener toooooooodo aquel paisaje para mi.


Con el "modo aventurero" puesto en mi cerebro decidí pasar a la playa de al lado, para lo que tenía que atravesar la pequeña montaña que las separaba.
Y no hace falta ser Boy Scout o concursante del "Aventura en pelotas" para poder hacerlo, hay una cuerda atada a un lateral que permite pasar al otro lado sin matarte en el intento.


Cuando llegas es igual de bonita y solitaria que la vecina.


Me la recorrí entera de punta a punta. 
En su lado izquierdo unos osados jóvenes practicaban escalada por uno de los salientes de las montañas,

y en su lado derecho algunos barcos locales esperaban amarrados y solitarios en la orilla.


Por el camino se veía un pequeño fuego y una minúscula aldea. Por un momento me recordó a la película Holocausto Caníbal, en la que unos reporteros van a la selva a grabar la vida de los yanomamis, los habitantes de un pequeño poblado del Amazonas. En principio van a grabar sus costumbres y modos de vida pero acaban violando a sus mujeres y quemándoles las chozas, así que luego los indígenas (bastantes salvajes por cierto) se vengan y los torturan. Los reporteros siguen grabándose entre ellos conforme van muriendo, y bueno en fin un peliculón de hace algunos años por cierto, muy bueno pero no apto para sensibles pues es algo bastante gore. Sólo con ver la portada uno se puede hacer una idea del contexto de la película.


Esperando que no me saliera un yanomami por el camino, y buscando pensamientos más placenteros y propios con mi viaje y mis vacaciones, me entretuve un rato recogiendo las conchas y caracolas que habían sido arrastradas por las mareas.

Rompiéndome el momento de soledad y las condiciones salvajes de aquel paradisíaco lugar, me encontré con una callecita llena de puestos de comida y tiendas de souvenirs...

Desde luego una zona muy bonita pero sólo para visitarla unas horas o un día, no apta para largas estancias a no ser que se quiera acabar hablando con los cocos o siendo torturado y devorado por los yanomamis...

A media tarde ya estaba más que aburrida de no hacer nada y de andar por la playa, así que cogí el barco de nuevo a Ao Nang. 
Como dato curioso nunca se ha de tocar la parte delantera de un barco tailandés, porque puedes llegar a ofender a su dueño, pues es la parte donde veneran a Buda y donde llevan cintas de colores y aros de flores en su honor.


La "parada" de barcos se encuentra en la misma playa a la izquierda, y hay que esperar a que se llene para poder hacer el trayecto.


Me fui para allá y al llegar ya había un grupito de personas esperando, y se ve que les faltaba una más para que el trayecto les saliera rentable, así que fue llegar y besar el santo. Y por la cara que tenían supuse que ya llevaban esperando a que apareciera esa persona bastante rato.


Allí dejaba esas cálidas aguas con pena de no haberlas visto atravesadas por los rayos del sol.


En los 20 minutos que duraba el trayecto más o menos, y en vista de que el resto de viajeros no tenía muchas ganas de conversación, me dediqué a disfrutar en silencio mientras navegaba por aquel pequeño trozo de paraíso tailandés.




Una vez en Ao Nang, y ahora en modo "hambriento" me fui a los puestecitos de comida que hay siguiendo el pequeño paseo en dirección al puerto, y en la que los locales mostraban con orgullo sus platos.

Entre ellos pinchos variados a la brasa,


y vasitos con gambas rebozadas, rollitos vegetales y crujientes trozos de pollo.


Además de como no arroces y tallarines con lo que quisieras. Yo en esta ocasión me decanté por unos ricos tallarines de algas con huevo y verduras, buenísimos para variar.

De vuelta en la calle principal de Ao Nang, me fui a visitar la playa de allí, normalita como ya he dicho antes,

pero perfecta para echarme una mini siesta debajo de uno de los árboles que la rodean.

Para el día siguiente y cruzando los dedos para que me hiciera sol contraté la excursión a las Phi Phi  Islands, a la famosa Maya Bay que es donde se grabó la película de Leonardo di Caprio "La Playa". 

Lo hice en el mismo hotel en donde estaba alojada, el J Hotel, y la verdad que todo muy bien con aquellas chicas, ellas se encargaron de llamar a los de la excursión, de reservar y de todo. Y lo mejor que también es donde encontré los precios más bajos de todo Ao Nang en el tema de excursiones.


Por la noche, fui a recorrerme la calle principal, que no es que sea muy larga la verdad, pero es un paseíto muy agradable con varias tiendas, restaurantes, pubs, salones de masajes...


Indispensable hacer la parada casi diaria en el 7-Eleven para comprar cuatro básicos.


Y luego buscar el sitio para cenar esa noche. Así que en lugar de tirar para la derecha donde me había comido los tallarines antes, tire en la otra dirección y encontré un puesto allí plantado en la misma carretera.


Ese fue el sitio donde me comí el MEJOR PAD THAI de toda Tailandia!!!!!




























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miércoles, 30 de septiembre de 2015

De Chiang Mai a Krabi




Día 9

Por fin llegó el día de ir a ver las playas!

Tras dejar la habitación me fui a llenarme de energía con un buen desayuno en la misma calle donde estaba alojada.

Los precios en Tailandia, como ya he comentado, son bastante bajos, y por cuatro duros se puede elegir entre estos suculentos platos.


Para variar me pedí un arroz, esta vez con vegetales y gambas.


Para ir al aeropuerto me cogí una ranchera de esas compartidas, en la misma puerta Pha Tae, que me salió por 20 baths, y que me dejó rapidísimo allí, ya que está muy cerca del centro.


Para hacer el trayecto a Krabi, elegí la compañía Air Asia. Me daba un poco de cangueli volar con ellos después de haber tenido varios accidentes recientes, pero era la que mejor precio me dio. Por 50 euros tuve mi billete con maleta facturada incluida.


Tras poco más de una horita de vuelo,


y con alguna que otra turbulencia, llegué a Krabi. 


Desde ahí tenía que coger un autobús que me llevara a la zona de Ao Nang, así que nada más salir compré el billete para el bus en el mismo aeropuerto y la furgonetilla ya estaba esperando fuera para hacer el recorrido de una hora aproximadamente.

El conductor apuntaba el nombre de tu hotel, y nos iba dejando a cada uno en el suyo. Yo elegí el "J Hotel", y así lo apuntó el conductor, pero cuando llegó al decir el nombre dijo " Kei Hotel", nadie se bajaba del bus, y el tío venga a repetir " Kei Hotel, Kei Hotel ". Al no bajarse nadie continuó la ruta, y yo que aunque no llevaba GPS en el movil tailandés, me había mirado la zona desde el Street View del Google, caí en que el hotel que acabábamos de pasar era el mío! " Kei Hotel dice el tío...". 
Sin problema me bajé en la siguiente parada que por suerte estaba sólo a unos metros del mio.

De todos los alojamientos en los que estuve este era el que mejor estaba. Tenía una cama doble con sábanas limpias, un ventilador, una tele, una nevera,

y un baño privado, que como en el resto de hoteles estaba todo junto, la ducha con el water y con el lavabo. La verdad que con este sistema compacto de baño cada vez que te duchabas duchabas también el water y todo lo que hubiera alrededor...


Llegué ya de noche, y me moría de ganas de que se hiciera de día para ver las playas, así que lo único que pude hacer ya a esas horas, era irme a cenar unas ricas gambas con patatas en salsa picante al estilo indio,


comprar 4 Smirnoff Ice en el 7/Eleven, e irme a la playa a bebérmelos con unos chicos muy majos que había conocido en el restaurante.


Tras los Smirnoffs, unas risas y 20 picotazos de mosquitos (estaba ya hasta las narices de los putos bichos), a la cama a dormir que al día siguiente tenía previsto madrugar para ver bien la zona.

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martes, 15 de septiembre de 2015

Templos de Chiang Mai. Wat Phra Singh, Wat Chedi Luang, Wat Phan Tao, Wat Inthakin

Día 8

Los mosquitos estaban haciendo estragos en mi cuerpo, el día anterior me habían comido, incluso habiéndome echado el repelente, y para el día de hoy que lo quería dedicar a hacer un trekking por la montaña, de los muchos que se ofertan en todas las agencias de viajes de allí, pero tuve que cambiar el plan porque si me picaba un mosquito más me tendría que ir corriendo de urgencias. Digamos que tengo un poco de alergia a las picaduras y se me inflan de una manera exagerada.
Y como ya llevaba unos días hinchada no quise arriesgarme más así que muy a mi pesar cambié el plan y decidí alquilarme una bici para recorrerme mejor el interior de la muralla que rodea Chiang Mai.

Lo primero tras salir a la calle era buscar el desayuno, y para hoy me metí un rico arroz con cangrejo y huevo que me puso las pilas enseguida.

Dos calles más allá me encontré con un sitio donde alquilaban bicis, y por apenas 2 euros alquilé una para todo un día.


Había que dejar 1000 baths de fianza, que te devolvían el día de la entrega. Tras firmar unos papeles la señora me dio a elegir bici, y venga, a pedalear por la ciudad.

Al primer templo al que llegué fue el Wat Phra Singh, donde se encontraba la imagen más venerada de Buda.



El templo es de arquitectura lanna, y cada año durante el Songkran Festival pasean la estatua de Buda en una religiosa procesión durante la cual los espectadores la honran rociando agua sobre ella.

 En su interior me encontré a los monjes con sus actividades.

También allí había uno de ellos con el puñado de varillas que remojan en agua y el gran ovillo de algodón blanco, poniendo pulseras y echando bendiciones como el que había visto en el Doi Suthep. Así que me acerqué a él en busca de más bendiciones y del agüita fresquita de esas varillas.
En esta ocasión sí que me la puso el mismo, pero sin rozarme.


De este templo me llamó mucho la atención la cantidad de réplicas de monjes que tenían repartidos por todo el recinto.
La verdad no se de qué material estaban hechos pero tenían un realismo impresionante.

La construcción de Wat Phra Singh comenzó en 1345 cuando el rey Phayu lo construyó para albergar las cenizas de su padre, el rey Kham Fu.

Otros edificios se fueron añadiendo unos años más tarde y el complejo resultante se llamó Wat Phra Lichiang.


Cuando, en 1367, la estatua de Buda Phra Singh fue llevada al templo, este recibió su nombre actual.

Desde 1578 hasta 1774 gracias a los birmanos el templo fue abandonado quedando en estado grave. 
Cuando el rey Kawila asumió el trono como rey de Chiang Mai en 1782, el templo fue restaurado.

El Rey Kawila amplió la chedi y sucesores posteriores restauraron el Wihan Lai Kham y el elegante Ho Trai (biblioteca del templo).


Una maravilla de templo la verdad, no me cansaba de mirarlo desde todas sus perspectivas.

En su exterior se encuentra una escuela de budismo en la que encontré un montón de jóvenes vestidos de naranja dispuestos a practicar un poco su inglés y a conversar con extranjeros como yo.

 De nuevo en la bici pedaleando por la ciudad pasé por un colegio y me sorprendió que las clases se daban directamente en el patio, al aire libre.

El siguiente templo fue el Wat Chedi Luang.

 En una palabra, impresionante.



Antiguamente era la chedi más alta de Chiang Mai, y aquí era donde se albergaba el célebre Buda Esmeralda (Phra Kaew), ahora en Bangkok.

Aquí también habían réplicas perfectas de ancianos monjes.

 Y como no Budas, muchos Budas, como este Buda dorado reclinado,

o estos coloridos Budas sentados,

o un Buda fondón con cara de simpático y rasgos africanos...

 Por dentro igual que por fuera es impresionante.




En este templo, en su exterior, hay unas mesas redondas debajo de unos árboles donde se pueden mantener conversaciones con los monjes.
Yo me puse a hablar con uno que me explicó de primera mano como es la vida de un monje, y tuve oportunidad de aprender un montón acerca de este estilo de vida.



Después de varias horas de charla y meditación con el monje, agarré de nuevo la bici y  el siguiente templo fue el Wat Phan Tao.

 Este minúsculo templo de teca es más fotogénico que venerado.

Chiang Mai tiene tradición en  el tallado de madera, herencia de los artesanos birmanos, y los bosques colindantes aportaron dura madera de teca perfecta para residencias y templos.

El wí-hahn principal de este templo está hecho enteramente de paneles de esta madera, sustentados por 28 enormes pilares también de teca.



Unos mosaicos con espejos de colores decoran los tejados con nagas, y el diseño de un pavo real sobre un perro que adorna la fachada representa el año astrológico de su primer residente real.


Seguí pedaleando en busca de más templos y llegué a la plaza donde se encuentra el Three Kings Monument Square.

 Luego di con el Wat Inthakin, nombre más conocido por su famoso festival que por el propio templo.


 Se celebra a los 12 días de la luna menguante del sexto mees lunar y dura unos 8 días.

En el primer día del festival, que se llama Tam Bun Khan Dok, se hacen ofrendas de flores, velas e incienso. Hay actuaciones musicales, juegos de carnaval, y puestos de comida. 



No sé cuantas horas estuve dándole a la bici pero la verdad ya estaba un poco hasta las narices de ir esquivando coches y motos a toda ostia, el plan no era estresarse así que por lo que había costado echar el día con ella ya tenía suficiente y total al día siguiente ya me iba de allí, así que a volver a los pies como medio de transporte.


Para cenar me metí en un restaurante después de recorrerme todos los de la calle que hay justo enfrente de la Pha Thae, en la parte de fuera de la muralla, y me pedí como no un arroz con vegetales y huevo riquísimos!!


























Era la última noche en Chiang Mai, y con ella abandonaría al día siguiente el norte para dirigirme a la parte sur de Tailandia la que más ganas tenía, las PLAYAS.


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