Día 4
El siguiente pueblo en visitar por Croacia era Sibenik, que no es que fuera muy turístico pero quedaba cerca del Parque Nacional de Krka, así que tocó levantarse temprano otra vez para hacer el trayecto en autobús y aprovechar bien el día!

Reservé en el Hostel Old Town 1819, el alojamiento más barato del viaje, a 10 euros la noche en habitación individual privada PERO con el lavado compartido justo delante de la cama! Y cuando digo delante no digo enfrente de tu habitación, sino dentro de la misma al lado de tu cama!!
Por suerte en la habitación de al lado, una mixta de 6 literas, no había nadie, porque no quiero imaginarme como hubiera sido dormir allí en temporada alta con todo el mundo entrando y saliendo de mi cuarto, así que de habitación privada nada.
La pequeña ciudad se puede dividir en tres sectores: en la parte más alta las viejas fortalezas de Santa Ana y San Juan, en las laderas los callejones estrechos y escarpados de la ciudad vieja, y finalmente la parte moderna, que se extiende en el norte y sureste.

En un par de horas se puede visitar rápidamente, realmente esta ciudad no ofrece muchas actividades, sólo dar una vuelta por su "paseo marítimo",
o seguir callejeando entre paredes empedradas con portones destartalados como sacados de una peli de terror.
Más vale no tener prisa cuando uno se adentre aquí, ni miedo...:)
La parada en Sibenik la había hecho principalmente porque quedaba cerca del Parque Nacional de Krka, un lugar lleno de verdor y agua como los Lagos de Plitvice, pero con menos cascadas y con el añadido de poder bañarte en ellas.
Para llegar al parque tenía que coger un autobús hasta Skradin, una pequeña ciudad situada a unos 15 km de Sibenik, a lo largo del río Krka.
Yo ya estaba viendo por la hora que no me iba a dar tiempo de ver mucho y efectivamente cuando llegué quedaba media hora para que cerraran, y eran las 3 de la tarde!!!
Así que con toda la pena del mundo no pude entrar, me di media vuelta y regresé a Sibenik.
Otra vez en aquel pueblo laberíntico me dediqué a perderme a propósito en él, y de casualidad llegué a su catedral, la Catedral de Santiago, lo más significativo del lugar y que forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde el año 2000.
Tras un paseíto y un poco de shopping en las pocas tiendas que habían, me fui a contemplar el atardecer frente al mar, dado que no tenía muchas más opciones para hacer.
Con el camino aprendido regresé a "la habitación de color azul" a descansar y a poner el despertador temprano para el día siguiente cambiar de nuevo de lugar y dirigirme a Trogir y Split.
Vaya una maratón de viaje me estaba pegando, desde luego esto sí que no es descansar...
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