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domingo, 11 de febrero de 2007

Salvador de Bahía. Morro de Sao Paulo

Día 4

Para hoy teníamos la salida a Morro de Sao Paulo, y la esperábamos con muchas ganas porque esa era la parte del viaje de relax total y de playita a tope, porque las playas de Salvador la verdad no tenían nada de especial.



Cuando nos levantamos hicimos las maletas, dasayunamos, y nos fuimos de nuevo al Mercado Modelo, ya que la Terminal Marítima desde donde salían los barcos estaba justo detrás.



El catamarán salía a las 14:30, y como el hotel lo dejamos a las 12 pues aprovechamos para hacer más compras en el mercado antes de salir, que si berimbaos, que si timbales, que si camisetas... un mercado de dos plantas muy enrrollao y con mil cosas que comprar.

Habíamos quedado allí con los chicos de Madrid que al final se animaron a venir, y con su colegón guía-bahiano, Leandro, que de guía no tenía nada; vivía en una favela y era un perla de cuidao, se encontró el primer día con los chicos en Barra, y a estos les cayó tan bien que decidieron llevárselo con ellos todas las vacaciones.

Dejábamos Salvador a nuestras espaldas y la imagen desde el barco era sensacional.


El precio creo que fueron 50 R$, que vienen a ser menos de 20 euros, y era un trayecto de unas 2 horas y media no apto para estómagos débiles.

Al entrar vi en cada asiento unas bolsitas atadas, y al salir la mayoría de las bolsitas ya no estaban, y las que quedaban eran porque no les había dado tiempo a sus propietarios de usarlas y estos trallaron por la borda, vamos un viaje de espectáculo, con peña potando por todos los lados.

Mi estómago no sufrió nada y aproveche todo el viaje para sacar fotos y empezar a pillar solete bahiano en mis mejillas.

A mi, al revés que todo el mundo, me molaban los vaivenes del barco, el mar estaba agitado y yo me sentía como en el parque de atracciones, cuanto más subía y más bajaba, más me gustaba!

Legamos por fin a Morro, y lo primero que teníamos que hacer era encontrar una pousada ya que no teníamos nada reservado.


Morro es una isla en la que no hay calles asfaltadas, todas son de arena, lo que hace que puedas ir descalzo todo el día, con cuidadín eso sí, vayas donde vayas.


Para llevar las maletas por la arena la cosa pintaba chunga, así que pillamos un carretillero de los tropocientos que esperaban nuestra llegada en el muelle, que aguardaban ansiosos como los taxistas en el aeropuerto, y que por 5R$ nos llevaban el equipaje en una carretilla de las de las obras adonde les dijéramos.

Después de ver unas cuantas pousadas nos quedamos en la segunda praia en Brisa do Caitá, a 75 R$ la noche por habitación con café de manhá ( desayuno ) y red ( hamaca ). Habían otras más baratas pero unas olían muy mal y en otras la playa no estaba tan cerca, así que después de hacer una valoración general nos quedamos en esta.

Una vez instalados, nuestros cuerpos nos pedían algo de comida, y nos fuimos a un restaurante justo al lado de la pousada sobre la playa, a comernos unas langostas.

Empezó a oscurecer y en la playa no habían luces, así que nos trajeron dos velitas para 6 que éramos, qué enrrollaos....
Y así sin ver tres en un burro nos tuvimos que comer las langostas que encima eran pequeñísimas y no valían un duro.

No nos gustó nada ese restaurante pero bueno era la ley de Murphy, acabábamos de llegar y no sabíamos donde estaba lo rico y barato de la isla, y acabamos en el más caro y de peor calidad.

Habíamos matado un poco el gusanillo con las minilangostas pero todavía nos cabían unos buenos chuletones de ternera, así que nos fuimos a un rodizio en la Vila y nos pusimos hasta las cejas de carne a la brasa con alioli, por cierto buenísimo y muy barato.

Teníamos ganas de que se hiciera de día para empezar a recorrer kilómetros de playas y ver aquel paraíso en directo.






























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Salvador de Bahía. Cidade Alta, Pelourinho

Día 3

Hoy tocaba la Cidade Alta, así que cogimos de nuevo el bus hacia Praça de Sé, pero esta vez no bajamos por el Elevador sino que nos quedamos en la parte de arriba.



Empezamos a recorrer las calles empedradas y coloridas del Pelourinho, el centro histórico de la ciudad, proclamado Patrimonio Mundial por la Unesco.


Es el mayor patrimonio arquitectónico barroco de América Latina, nos remite a los tiempos en que Salvador era la capital de Brasil. Entre iglesias, fortalezas y monumentos se cuentan casi 500 edificaciones (365 iglesias, una para cada día, una para cada santo).


A nosotras sólo nos dio tiempo de ver 3 o 4!!!


Nos llevó toda la mañana recorrernos las principales calles, calles con una historia negra pues era donde la minoría blanca ató a miles de esclavos para torturarlos con el látigo, mientras la ciudad crecía gracias a sus trabajos forzados.


Mientras paseábamos vimos un teleférico que nos llevaba a la parte baja y lo pillamos, pero cuando llegamos abajo queríamos desaparecer del mapa, el barrio no inspiraba ninguna confianza y no había ningún turista por ningún lado, así que ya tardábamos en irnos de allí cagando leches.



Nos metimos en el primer bus que vimos y nos hizo un recorrido de casi una hora por unas favelas que tela marinera, menos mal que íbamos dentro porque a ver quién tenía cojones a bajarse por esas zonas!!

Entre las callejuelas por las que íbamos, entre que el bus que iba de rally y cada vez que pillaba un bache nuestras cabezas acababan en el techo, y entre el notas que teníamos al lado con cara de baboso que no hacía más que pedirnos besos, la excursión se hizo muy entretenida, para que queríamos nosotras a un guía!!! esto seguro que no lo habríamos visto!


El bus nos dejó en el Shopping Barra, y nos dimos un garbeo por el centro comercial. Yo acostumbrada a las Glorias, la Maquinista y el Diagonal Mar, cuando vi aquello flipé, vaya pedazo de centro comercial. Veníamos de ver la mayor pobreza de la ciudad y ahora estábamos en la zona mas pijeras con todos los ricachones, demasiado contraste. En Brasil es muy acusado ese contraste, tal vez por eso haya tanta delincuencia y tantos civiles, adultos y niños, armados por la calle.

Cogimos otro bus de nuevo al Pelourinho para comer, y fuimos a una terracita a comernos un platazo de camarones, donde los timbales y los berimbaos de los Olodum nos amenizaron la comida con sus ensayos. Que buenísimos estaban aquellos camarones!!!!
Mi amiga se quería hacer las trenzas así que fuimos a la plaza donde se ponían todas las trenceras a mirar precios. Fuimos a dar con la más cachonda de Salvador, Mona Lisa, así se llamaba el travelo que se las hizo, y era un cachondeo total.

Tardo en hacerle toda la cabeza ( llevaba el pelo por los hombros ) 6 horas, sí 6 horas, desde las 4 de la tarde hasta las 10 de la noche, como era martes ( son como aquí los viernes o sábados ) habían montado un escenario con música en directo y un montón de puestecitos para tomar unas caipirinhas, y la "tía" cuando le daba el venazo dejaba a mi amiga ahí sentada con todas las greñas en la cara y se iba a bailotear por la plaza, y al ratazo venía como si nada y seguía con su tarea, vaya cachondeo llevaba!!!


En esas 6 horas me recorrí todos los puestos de la plaza, y ya me sabía de memoria los souvenirs de cada tienda, y encima no paraba de quitarme bahianos pesaos de encima, porque hay que ver lo pesaos que son.

Cuando por fin acabó de hacerle las trenzas, fuimos a comernos unos pinchos y a pegar unos bailoteos.

Nos encontramos con los chicos de Madrid que vinieron con nosotras en el avión y a su colegón bahiano que habían conocido la noche anterior y lo habían "secuestrado" como guía para toda la semana, y se unieron con nosotras a la fiesta.

Fuimos a la calle del Regaee y entramos a un garito, que porque íbamos acompañados del bahiano que si no no hay cojones a entrar, no había ni un guiri, sólo nosotros, y se nos quedaban mirando con cara de " de dónde habrán salido estos ?? ", afortunadamente nadie se metió con nosotros y nos tomamos unas cuantas copas a ritmo de Bob Marley.

Hicimos rutilla de bares y acabamos en Barra tomando la última, tuve un pequeño percance con un bahiano desgraciado pero enseguida entré al Sol Barra que es donde estaban los chicos alojados y salió el de seguridad a socorrerme, porque de los que iban conmigo ninguno se había enterado de nada de la papa que llevaban...así que con toda la yusca y yo con un mosqueo que te cagas volvimos a nuestro hotel a dormir la mona.




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Salvador de Bahía. Llegada al Sol Victoria Marina, Cidade Baixa

Día 2

Uaaaaauuuuuuu!!!!!!!

Nos habían dado la habitación en la planta 23 de las 24 que tenía el hotel, así que nuestra cara por la mañana frente a la ventana con todo el océano delante era de una satisfacción absoluta.


Después de un copioso desayuno a base de yucas, bocadillitos de pan de orégano con jamón dulce y zumitos tropicales, salimos a la calle ( a esas horas mucho más animada ) y nos decidimos a coger el bus que nos llevara al Pelourinho, a la Praça de Sé.

Sin demasiados problemas llegamos al centro histórico de Salvador, y tuvimos nuestro primer contacto con ese baile-arte marcial brasileiro que es la Capoeira, y como no, sin tener ni puta idea nos metimos allí a bailar...


Lo primero fuimos a buscar un banco a cambiar dinerillo para empezar a gastar.
En el banco después de esperar mil años a que alguien nos atendiera porque aquello era un cachondeo, nos dicen que por cambiar dinero nos cobran una comisión de 15$, " mmmmm pues va aser que no " , porque pa eso nos salimos fuera a la calle y en casi cualquier comercio te cambiaban dinero al mismo tipo de cambio que en el banco y sin comisión, y así lo hicimos.

Nos cayó un a pequeña tormentilla que la verdad agradecimos porque hacía un bochorno.... pero al momento volvió a salir el sol, allí son muy típicos estos aguaceros de media hora.

Con un coco helado en nuestras manos nos fuimos al Mercado Modelo a empezar a gastar.


Teníamos que coger el Elevador Lacerda para bajar a la Cidade Baixa que es donde estaba el mercado, justo al lado de la Terminal Marítima, pagando creo recordar 10 céntimos de real por utilizarlo.




Pasamos todo el día rulando por la Cidade Baixa y comprando bastantes cositas con un sol abrasador bajo nuestras cabezas, y más sobre la mía que me acababa de hacer las trenzas y estaba más sensible...

 


Decidimos ir a echar una siestecilla para estar guays por la noche, pero estábamos tan reventadas que la siesta se alargó hasta las 23h., y a esas horas ya nos daba palo levantarnos, arreglarnos e ir a buscar algún sitio para comer ( con las calles vacías y sin el colegón que nos hiciera sombra...), así que nos montamos un pequeño chill en la habita y organizamos la jornada siguiente para aprovecharla bien, teníamos que levantarnos tempranito para seguir viendo la Cidade Alta que nos faltaba, apurando nuestro último día completo en Salvador.




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Salvador de Bahía

Noviembre-Diciembre 2006

" Saaaaaaaaaaaaaaaamba!!!!!!!!!!!!!!"

Esperaba con ansia la última semana de vacaciones que me quedaba ese año para irme a Brasil, esta vez acompañada por mi amiga Ana.




La idea era hacer Salvador-Río-Salvador, y los vuelos internos hacerlos con la Gol que tenía muy buenos precios, pero justo la semana que lo estábamos decidiendo fue cuando se estrelló un avión de esa compañía que se perdió en el amazonas y desapareció, así que cambiamos de planes y después de mirar todas las posibilidades que teníamos decidimos hacer Salvador-Morro de Sao Paulo-Salvador.

Y resultó ser una muuuuuy buena elección.

La ruta fue la siguiente:






Día 1

Sobre las 8 de la tarde hora brasileira y después de 8 horas y pico de vuelo Madrid-Salvador, 2 horas y pico de espera en Madrid y 1 hora de vuelo Barcelona-Madrid, por fin llegamos a Salvador!!!!!!!!! Aunque todavía nos quedaba el traslado al hotel, así que aprovechamos la espera para cambiar algo de euros por reais brasileiros en el mismo aeropuerto para los primeros gastos. Cogimos las 3 primeras noches en el Sol Victoria Marina, situado en Rio Vermelho.

Lo característica tipíca de los hoteles de esa zona es que al no tener playa existen unos teleféricos que te transportan del hotel al mar. El nuestro además tenía un restaurante thailandés en esa zona y un tobogán que daba directamente al oceáno Atlántico, además de una piscina y un jacuzzi, la verdad que se lo montan muy bien.


Bueno pues una vez instaladas, después de darnos un duchazo y cambiar las botas camperas por las chancletas, nos fuimos a investigar la zona....

Salimos del hotel y la verdad que el aspecto de la calle donde estábamos no invitaba mucho al paseo, encima ya se había hecho de noche y las pocas personas que nos cruzábamos por el camino se nos quedaban mirando como si nunca hubieran visto dos blanquitas solas, y la verdad que nos sentimos un poco acojonadas, así que pensamos que habría que buscar a algún bahiano para que nos hiciera sombra.

No tardamos ni 5 min en encontrar un chavalote que se prestó encantado a llevarnos a comer algo.

Bajamos a la zona de Barra y allí pegaditos al mar nos tomamos unas casquinhas y un vino Sao Jorge que nos sacó la dueña, que era como una sangría de aquí. Estaba bastante rica y al rato notamos sus efectos.....

Hicimos las primeras amistades esa noche y ya teníamos un contacto más real con el país, pero estábamos ansiosas de que se hiciera de día para empezar a recorrer las calles bahianas....




sábado, 10 de febrero de 2007

Zanzíbar. Playa

Días 7 y 8

Estos días me dediqué a playa, comer, y descansar, y con semejantes vistas uno se relaja si o si.



Una mañana nos juntamos un grupito y le pedimos a un pescador que nos llevara en su embarcación a dar una vuelta por el arrecife coralino,



Le pagamos 5$ cada uno y allá que nos llevó a ver estrellas de mar.

La última tarde la aproveché para hacerme las trencitas y un tatoo, me lo hizo todo Pepa, un encanto de mujer que había conocido en la playa y que por cierto es la mejor que me ha hecho las trenzas de todos mis viajes, muy pequeñitas, perfectas. Y el tatoo como veis guapísimo ( para mi claro que me encantó como me lo hizo ).


La última noche noche habíamos reservado todos la cena en el restaurante Hakuna Matata que era de comida especial tanzana, y allí fue el único sitio donde me comieron los mosquitos, vaya pedazo de mosquitos!!! Llevaba el Relec pero cuando me lo fui a echar ya era tarde...

La comida estaba riquísima, con sabores bastantes fuertes por eso, y después nos fuimos a tomar unas copas y a disfrutar de nuestra última noche.

La última noche en aquel trocito del edén del hemisferio sur…..




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viernes, 9 de febrero de 2007

Zanzíbar. Playa

Día 6

De todas las posibles excursiones que se podían hacer en Zanzíbar, las había hecho todas excepto la del bosque de Jozani y Kizimkazi.
Esta era la de más contacto con los animales, en Kizimkazi te llevaban a ver los delfines, que la verdad decían que tenías que tener mucha suerte para verlos, y en el bosque de Jozani el principal y único atractivo eran los colobos rojos, una especie de monos de larga cola roja endémicos de Zanzibar.

Como nada de esto me llamaba mucho la atención y llevaba toda mi estancia haciendo excursiones cada día, con el cansancio y los madrugones que ello conllevaba, decidí pasar los dos últimos días de panching total en el hotel, osea tumbing, drinking, swimming, y relaxing a tope.

Quería disfrutar un poquito del hotel y de sus instalaciones. En el TI tenía incluido deportes acuáticos no motorizados, como canoas, windsurf y catamaranes.

Así me dediqué a relajarme un poquito con las canoas y con el catamarán.


Los paseítos por la playa a media tarde eran geniales, a ambos extremos del hotel habían un montón de puestecitos con cuadros, figuras y demás recuerdos tanzanos.



Aquí también había que regatear para conseguir las gangas, así que me lo pasaba en grande subiendo y bajando precios con ellos, jejeje!!!


Me tiré toda la tarde visitando los poblados de los alrededores, y me iba con la bolsa de la playa llena de hamburguesas y perritos calientes que cogía del Snack Bar del hotel, para llevarlos y repartirlos por ahí, y ellos contentísimos ! !

 Me encontraba todo tipo de personajes por la playa: masais tira trastos, trenceras, tatuadoras de henna, niños jugando en la playa, vendedores de excursiones, de marihuana, de marfil, de tallas de ébano, pescadores....y yo iba por ahí negociando con los que me interesaba, jejejeje!!


Estaba saboreando con mucho gusto los últimos días en la isla, joooooooo, ya quedaba poco para volver a la normalidad y yo no podía, como iba a poder estando en semejante paraíso!!!!




Pero desgraciadamente los días iban pasando, y mis vacaciones se iban acabando, ojalá pudiera parar el tiempo y ser inmortal en este lugar para disfrutarlo eternamente....



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jueves, 8 de febrero de 2007

Zanzíbar. 4x4 Tour de las especias, playa Nungwi

Día 5

La ruta de las especias y el atardecer en Nunwgi era la excursión de hoy.



La primera consistía en hacer el recorrido por los caminos que emprendió el Sultán Sayyid Said que fue quien en 1812 introdujo las primeras semillas de clavo en la isla.

Como siempre bien temprano quedamos en el poblado masai para coger el minibus camino de las plantaciones de especias.



Aquí nos explicaron, nos enseñaron y nos dieron a oler todo acerca de las especias autóctonas que allí cultivaban, el clavo, el cardamomo, la pimienta, la nuez moscada, la canela...un festival de perfumes para nuestros olfatos.

Nos enseñaron de donde nacían las piñas, y la verdad nunca me hubiera imaginado que salían del suelo, que ignorante...


Los chicos que nos lo explicaban eran majísimos y nos hacían a todos diferentes complementos como anillos, collares, gafas, realizado con hojas de diferentes árboles, todo un arte, jejeje!!



También nos pintaron los labios con un fruto del que no recuerdo su nombre que es con lo que se pintaban las mujeres zanzibereñas.
Muy ecológico y además bastante resistente, ya que me duraron los labios pintados gran parte del día, jeje!!

Nos bajaron cocos directamente de la palmera, desde luego todo un arte, ver como suben como si nada, un ole por estos muchachos.


A media visita nos cayó un chaparrón que te cagas y nos llevaron a una choza y allí pudimos degustar unos cocos recién cogidos y a unos tés con sabores a canela, a limón, a clavo, todos muy ricos.



Continuamos el recorrido hacia un poblado, y este quizá fue el momento más emotivo del viaje.


Todos llevábamos algo que dar a los niños, y el recibimiento fue espectacular, las caras de esas criaturas no las podré olvidar, ni sus besos y abrazos agradeciéndome los cuadernos y lápices que les llevé.


Cuando íbamos montados en el 4x4 los montones de niños se nos cruzaban por el camino corriendo descalzos por toda la carretera llena de barro pidiéndonos "pi pis" osea caramelos, y a veces se nos pegaban tanto al coche que incluso ponían su vida en peligro con tal de que le diéramos algo.


Son momentos que te hacen valorar más lo que tienes, y te das cuenta de lo materialistas que llegamos a ser en el primer mundo, que tenemos de todo y ellos que no tienen de nada, son mucho más felices, porque bien es verdad que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.

Después de soltar el cargamento de cuadernos, lápices y juguetes que llevábamos, proseguimos nuestro viaje rumbo a Nugwi, me arriesgo a decir la mejor playa de Zanzíbar, sobretodo para los buceadores con inmersiones increibles en Leven Bank, la isla de Tumbatu y el atolón de Mnemba.

Por el camino hicimos una parada obligatoria delante de un baobab para aprender un poco más sobre él.


El baobab es una especie muy útil para los pueblos africanos. Da un fruto llamado pan de mono, del tamaño de un pequeño melón que contiene gran cantidad de vitamina C, se emplea para preparar varias bebidas refrescantes. De la corteza del baobab se extrae una fibra con la que se fabrican cuerdas y cestos. Las hojas hervidas sirven como alimento, e incluso el polen mojado se emplea como pegamento.

El resto del trayecto hasta llegar a Nungwi fueron caminos llenos de piedras en los que el 4x4 iba de lao, tardamos bastante en llegar porque íbamos a 10 por hora, pero cuando por fin pisamos aquella playa todos coincidimos en que era la mejor que habíamos visto hasta el momento.


Teníamos preparado un suculento buffet en el restaurante que había sobre la playa, con arroz, pollo en salsa, calamares...no fue como la mariscada del Blue Day pero la verdad que todo estuvo muy rebueno.

A Nunwgi habíamos ido a ver el atardecer, así que después de comer teníamos toda la tarde libre para hacer lo que quisiéramos.



Unos aprovecharon y se fueron al centro de submarinismo que había al lado del Hotel Gemma de l'Est a informarse sobre precios de bautismos y demás, otros se fueron por los puestecitos de la playa a comprar cuadros ( la zona más cara de Zanzíbar para comprar ), y otros como yo optamos a darnos un masaje completo con aceite, desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza, y con el sonido del mar de fondo, por el módico precio de 5$.


El aceite esencial mezclado con la arena de la playa y las tenazas que tenían por manos aquellas tanzanas, me hicieron, además del masaje, un peeling que me dejó la piel la mar de suavita.

Entre baño y baño, y entre risa y risa, el sol se iba poniendo y el momento esperado cada vez se acercaba más.

La playa de Nunwgi es donde se contemplan los mejores atardeceres debido a su situación.

Mi hotel, Sea Club Kiwengwa, se encontraba como ya he explicado en la primera entrada en la costa este de Zanzibar, y Nunwgi en el norte. El sol se ponía en el noroeste, por tanto en la zona de mi hotel siempre se ponía, mirando al mar, detrás nuestro ligeramente desviado a la derecha, y en Nunwgi se ponía justo encima del mar, que era lo que todos queríamos ver.

Después de mucho esperar, y todos ya preparados con la cámara en la mano para inmortalizar aquel maravilloso instante, el sol empezó a esconderse tras el océano índico, y ahí estábamos con la cara de lerdos disfrutando de aquel relajante momento que la naturaleza nos brindaba.





Si el cambio de las diferentes tonalidades del cielo del atardecer había sido espectacular, también lo era el negror de este una vez metido completamente el sol y salido las estrellas, que se juntaban con la linea del mar, y la Cruz del Sur resplandecía en lo más alto.

Mientras, los tanzanos daban el pistoletazo de salida a su fiesta de la luna llena, y de nuevo la playa como escenario. Hogueras, percusión y danzas eran los protagonistas y nosotros simples espectadores de tanta maravilla.

En realidad la excursión acababa en cuanto se metía el sol pero como ya dije antes con los chicos de la playa todo es posible y siempre harán lo que sea para satisfacer las ansiedades del turista, así que les pedimos quedarnos unas horitas más para disfrutar de la fiesta, y Hakuna Matata.

De vuelta al hotel, la noche era espléndida y entre los que íbamos éramos bastantes los aficionados a la fotografía, unos más preparados que otros pero todos a la espera de la mejor foto de las vacaciones, y con bastante cachondeo en el jeep le pedimos una vez más parar en un buen sitio para sacar una foto de un baobab con la luna llena de fondo, y el conductor cada x metros se paraba, nos miraba y nos decía: aquí va bien??? el tío estaba superpendiente de nuestra petición e iba mirando todo el camino el mejor sitio para hacer la foto.

Y después de las mejores risas del día nos paró en una explanada, y nuestras cámaras disfrutaron de lo lindo.


Había sido otra jornada inolvidable en Zanzíbar.




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