TURQUÍA - PATMOS VI
Era bastante diferente de lo que habíamos visto hasta ahora, aquí no habían casitas blancas como en Mykonos, lógico estábamos en otro país, y estábamos ansiosas de bajarnos del barco y empezar a recorrer este país desconocido.
Llegamos al puerto de Kusadasi, que significa "Isla del pájaro". Localizado en un golfo magnífico y conocido por su agua chispeante, amplias playas arenosas y su gran puerto con capacidad para 600 barcos.
Si existe un gigantesco museo al aire libre, ese era Éfeso. Está considerado una de las zonas arqueológicas más grandes del mundo y no es para menos, dada la gran cantidad de obras antiguas exhibidas en su lugar original.
Como dato curioso, fue la primera ciudad del mundo que por la noche iluminaron las calles principales.
Situado en la Plaza de Domiciano, nos encontramos el homenaje elevado por los senadores a uno de los grandes arquitectos de la ciudad, Gayo Memmio, nieto del dictador Sila, constructor del acueducto de la ciudad.
Estos baños fueron construidos durante el siglo I a.C. aunque debieron ser restaurados con posterioridad. En ellos todavía se conservaban las cuatro salas que constituían el baño romano: el Apodiatario o guardarropa, el Frigidario (una piscina de agua fría), el Tepidario (una piscina de agua tibia) y el Caldario (sala donde se sudaba).
Y lo más bonito de Efeso aparecía en el camino, La Biblioteca de Celsus, construída por un ciudadano romano en memoria de su padre. Su fachada todavía está en pie. Fue construida mirando hacia el este para que las salas de lectura aprovecharan mejor la luz matutina.
Se acababa la visita a las ruinas y llegábamos a la Vía del Puerto, que tomó su forma definitiva durante la época del emperador Arcadio. Flanqueada por bellas columnas y pedestales de estatuas perdidas, era donde comenzaban las ruinas del Gimnasio del Teatro.
Por último visitábamos el enorme anfiteatro, ubicado en una posición muy sobresaliente dominando el paisaje sobre la calle del puerto. Era el mayor de su época, tenía capacidad para 24.500 espectadores y se empleaba también para espectáculos circenses.
En menos de una hora ya lo habíamos visto todo, así que de vuelta para el taxi que nos estaba esperando al otro lado de las ruinas, y vuelta a Kusadasi para hacer compritas.
Nos metimos en el bazar de Kusadasi, y habían un montón de tiendas donde comprar mil recuerdos, era el mejor sitio para comprar de todos los que íbamos a visitar así que aprovechamos y empezamos a cargar bolsas, que si especias, que si unas babuchas, que si unos tés de sabores...y todo súper barato.
Mujeres vimos pocas, bueno para ser exacta no vimos más que esta tejiendo una alfombra en medio de la calle, ¿ donde se meterían ?, ¿ tan machistas son los turcos como para no dejarlas salir a la calle ?...
Los modelitos turcos eran de lo más fashion, " ya me imagino a las turcas en sus noches de pasión con algún habibi cantando de fondo y moviendo el culo en plan shakira, toma tomaaaa!!! "
Nos dimos un paseo por la ciudad, contemplando entre otras cosas, las mezquitas.
Esta es la alta costura turca, ojo al traje de julay del tío, y al vestido de volantes turcos...
Llegaba la hora de subir de nuevo a nuestro barco, el primero de la izquierda, y a seguir navegando.
Bueno, pues allí dejábamos Kusadasi, y nos despedimos de Turquía hasta la próxima,
con la esperanza de volver algún día pero para visitar Estambul, que me había quedado con las ganas de más Turquía.
Una vez en el barco, hicimos un repaso de todo lo que habíamos comprado, nos compramos un pañuelico de esos turcos que no veas la peste que echaba!!!! Saqué la foto rápido porque nos ahogábamos con aquello!!! ( después de muchas entradas, aquí muestro una foto mía, soy la de la derecha ).
Mientras el barco navegaba camino de Patmos, teníamos unas horitas de tiempo libre, así que comimos en cubierta, y nos quedamos en las hamacas tomando el solete y dándonos unos bañitos en el jacuzzi, que regalazo!!! y yo no hacía más que acordarme de la serie Vacaciones en el mar, y es que aquello era como Vacaciones en el mar, creo que las más jóvenes del barco éramos nosotras, todo eran abuelos!!! pero bueno, lo pasábamos bien.
Los camareros y la tripulación eran muy majos, y siempre tenían una sonrisa en la boca, la mayoría eran de la India, Bangadesh, y esas zonas, y eran muy simpáticos.
De vuelta a tierras griegas, la próxima parada era Patmos, esta isla ya no pertenece a las Cícladas como Mykonos, sino al Dodecaneso, tiene una población de aproximadamente 2,500 personas y una superfície de 34.6 km².
Los desembarques por la tarde se hacían en lanchas, osea el barco se paraba a unos metros del puerto, y desde allí las lanchitas nos llevaban hasta tierra firme.
Las casitas blancas nos daban de nuevo la bienvenida a esta pequeña isla.
La primera parada fue en la cueva del Apocalipsis que está a la mitad de camino de Chora a Skala.
Según la tradición, aquí escribió el "Apocalipsis" San Juan Teólogo cuando llegó en el año 95 a Patmos, exiliado del emperador romano Domiciano. Delante de la entrada de la cueva, bajando algunos escalones, está la iglesia de Santa Ana. Se restauró en el siglo XVII. Está rodeada por un complejo monástico (Monasterio del Apocalipsis) con patios llenos de flores, celdas y ermitas.
Y como un clavo ahí estaba el taxi a la hora que nos había dicho, para seguir subiendo la montaña.
La isla tiene forma de 8 y conforme íbamos subiendo la montaña las vistas cada vez eran más bonitas,
y desde ahí arriba se tenía una panorámica de la isla excepcional.
Tras una relajante ducha ( relajante aunque de lado a lado de lo que se movía el barco ), fuimos a cenar, teníamos la cena griega a la que teníamos que acudir vestidas de blanco y azul, bueno sólo era una sugerencia, porque nosotras y mucha más gente nos pusimos como nos dió la gana.
Por la noche no era buffe libre, el primer día nos asignaron una mesa y una hora para cenar, y allí te juntaban con más gente, y lo mejor era la carta. Habían dos menús, uno de ellos vegetariano, con 5 platos más el postre, " Guuuuuaaaauuuuuu", con lo que me gusta a mi comer, me iba a regalar!!!! luego en la hoja de al lado tenías más platos por si querías cambiar alguno del menú.
Cenamos la mar de bien, y luego nos fuimos a ver el espectáculo del barco, que vaya pastel, cutre cutre, pero bueno, era lo que había...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada