Son momentos que te hacen valorar más lo que tienes, y te das cuenta de lo materialistas que llegamos a ser en el primer mundo, que tenemos de todo y ellos que no tienen de nada, son mucho más felices, porque bien es verdad que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.
Después de soltar el cargamento de cuadernos, lápices y juguetes que llevábamos, proseguimos nuestro viaje rumbo a Nugwi, me arriesgo a decir la mejor playa de Zanzibar, sobretodo para los buceadores con inmersiones increibles en Leven Bank, la isla de Tumbatu y el atolón de Mnemba.
Por el camino hicimos una parada obligatoria delante de un baobab para aprender un poco más sobre él y hacerle una foto.
El baobab es una especie muy útil para los pueblos africanos. Da un fruto llamado pan de mono, del tamaño de un pequeño melón que contiene gran cantidad de vitamina C, se emplea para preparar varias bebidas refrescantes. De la corteza del baobab se extrae una fibra con la que se fabrican cuerdas y cestos. Las hojas hervidas sirven como alimento, e incluso el polen mojado se emplea como pegamento.
El resto del trayecto hasta llegar a Nungwi fueron caminos llenos de piedras en los que el 4x4 iba de lao, tardamos bastante en llegar porque íbamos a 10 por hora, pero cuando por fin pisamos aquella playa todos coincimos en que era la mejor que habíamos visto hasta el momento.

Teníamos preparado un suculento buffet en el restaurante que había sobre la playa, con arroz, pollo en salsa, calamares...no fue como la mariscada del Blue Day pero la verdad que todo estuvo muy rebueno.
A Nunwgi habíamos ido a ver el atardecer, así que después de comer teníamos toda la tarde libre para hacer lo que quisiéramos.
Unos aprovecharon y se fueron al centro de submarinismo que había al lado del Hotel Gemma de l'Est a informarse sobre precios de bautismos y demás, otros se fueron por los puestecitos de la playa a comprar cuadros ( la zona más cara de Zanzibar para comprar ), y otros como yo optamos a darnos un masaje completo con aceite, desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza, y con el sonido del mar de fondo, por el módico precio de 5$.
El aceite esencial mezclado con la arena de la playa y las tenazas que tenían por manos aquellas tanzanas, me hicieron, además del masaje, un pelling que me dejó la piel la mar de suavita.
Entre baño y baño, y entre risa y risa, el sol se iba poniendo y el momento esperado cada vez se acercaba más.
La playa de Nunwgi es donde se contemplan los mejores atardeceres debido a su situación.
Mi hotel, Sea Club Kiwengwa, se encontraba como ya he explicado en la primera entrada en la costa este de Zanzibar, y Nunwgi en el norte. El sol se ponía en el noroeste, por tanto en la zona de mi hotel siempre se ponía, mirando al mar, detrás nuestro ligeramente desviado a la derecha, y en Nunwgi se ponía justo encima del mar, que era lo que todos queríamos ver.
Después de mucho esperar, y todos ya preparados con la cámara en la mano para inmortalizar aquel maravilloso instante, el sol empezó a esconderse tras el océano índico, y ahí estábamos con la cara de lerdos disfrutando de aquel relajante momento que la naturaleza nos brindaba.

Si el cambio de las diferentes tonalidades del cielo del atardecer había sido espectacular, también lo era el negror de este una vez metido completamente el sol y salido las estrellas, que se juntaban con la linea del mar, y la Cruz del Sur resplandecía en lo más alto.
Mientras, los tanzanos daban el pistoletazo de salida a su fiesta de la luna llena, y de nuevo la playa como escenario. Hogueras, percusión y danzas eran los protagonistas y nosotros simples espectadores de tanta maravilla.
En realidad la excursión acababa en cuanto se metía el sol pero como ya dije antes con los chicos de la playa todo es posible y simpre harán lo que sea para satisfacer las ansiedades del turista, así que les pedimos quedarnos unas horitas más para disfrutar de la fiesta, y Hakuna Matata.
De vuelta al hotel, la noche era espléndida y entre los que íbamos éramos bastantes los aficionados a la fotografía, unos más preparados que otros pero todos a la espera de la mejor foto de las vacaciones, y con bastante cachondeo en el jeep le pedimos una vez más parar en un buen sitio para sacar una foto de un baobab con la luna llena de fondo, y el conductor cada x metros se paraba, nos miraba y nos decía: aquí va bien??? el tío estaba superpendiente de nuestra petición e iba mirando todo el camino el mejor sitio para hacer la foto.
Y después de las mejores risas del día nos paró en una explanada, y nuestras cámaras disfrutaron de lo lindo.

Había sido otra jornada inolvidable en Zanzibar.
1 comentarios:
Impresionante creo q tengo q ir a ese lugar , un placer descubriros a los dos.
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