domingo, 25 de febrero de 2007

MUNICH II

Día 2

El día anterior habíamos reservado para hoy la excursión de día entero a los castillos del rey Luis II, el castillo de Linderhof y el de Neuschwanstein.

Se encontraban en el sur de Alemania, en Baviera cerca de la frontera austríaca. El pueblo Schwangau con el castillo Neuschwanstein estaba situado aproximadamente a 4 kilómetros de la ciudad Füssen. La roca del monte Tegel sobre la que se asienta el castillo, tenía una altura de unos 2000 metros.

El rey Luis II de Baviera, el rey Loco, era el más excéntrico y querido de los reyes alemanes. A este monarca se debían algunos de los castillos más espléndidos del país y entre ellos el primero que mandó construir, el impresionante castillo de Neuschwanstein, en la región del Algaü, en los Alpes bávaros.

Luis II (Ludwing II), hijo del rey Maximiliano II, nació en el castillo de Nymphenburg de Munich en 1845 y subió al trono a los 19 años a la muerte de su padre. Le tocó reinar en una época dura económicamente para Alemania y a pesar de ello decidió acometer grandes construcciones de gastos desorbitados. El rey fue acusado de locura y obligado a abdicar. Murió ahogado (con sólo 41 años) junto al médico que certificó su locura en el lago de Stanberg, junto al castillo Berg, en muy extrañas circunstancias.

En el verano de 1867 viajó de incógnito a Francia, y al ver por fin Versalles, resolvió construir en su propio país lugares tan majestuosos como éste.

Luis II vivió en el castillo de Hohenschwangau durante 17 años y fue allí donde materializó la construcción del castillo de Neuschwanstein sobre los restos de Voderhohenschwangau. Este castillo fue edificado entre 1869 y 1886. A éste siguieron dos de los castillos más majestuosos de Alemania: Linderhof (1874-1878) y Herrenchiemsee (1878-1886), que poco tienen que envidiar al propio Versalles.
En Neuschwanstein el rey sólo pasó 6 meses.

Después de recorrer bastantes kilómetros, con unas vistas a los Alpes impresionantes, y escuchando en nuestro idioma con unos cascos la historia de estos castillos, el primero de ellos en visitar fue el de Linderhof.




Este castillo pretendía ser una réplica del palacio de Versalles de Francia, y fue el único que Luis II pudo ver acabado en su vida.




Lo visitamos por dentro con unas guías en nuestro idioma y el interior era alucinante, las habitaciones del Linderhof estaban tachonadas de oro, espejos, porcelana y gemas semipreciosas.
Una sobrecarga de objetos brillantes hacía difícil distinguir las cosas en ese castillo.

Por fuera era impresionante, la fuente de oro en medio del laguito, con la escalinata detrás dejaba una imagen para el recuerdo, no veas como vivía el colega!!!!



Después de la visita nos llevaron a comer a un hotel-restaurante típico bávaro, donde comimos muy bien y cogimos fuerzas para el siguiente castillo.

Para la tarde nos esperaba el castillo de Neuschwanstein, en el que se inspiró Walt Disney para hacer sus películas.




El rey Ludwig II era un gran amante de naturaleza. Su mayor preocupación era la de no estropear la belleza de los alrededores construyendo el Castillo de Neuschwanstein, y él dio a los constructores instrucciones precisas a este efecto.





Desde donde estábamos primero debíamos coger un minibus que nos llevara a un puente, el Marienbrücke; justo enfrente del castillo a más de 80 metros de altura y donde una impresionante construcción técnica había sido magistralmente combinada con los alrededores naturales;












y desde allí pudimos disfrutar de las imponentes vistas.







Luego cogimos de nuevo el minibus y nos llevó al castillo, donde tuvimos que esperar turno para entrar en él.

Neuschwanstein ilustraba los ideales y deseos de Ludwig II más vivamente que cualquiera de sus otros edificios.

Los ciclos de los cuadros de Neuschwanstein fueron inspirados por las óperas de Richard Wagner, a quien el rey dedicó el castillo.

Las ideas religiosas y políticas estuvieron implicadas en la planificación del castillo. Esto podía ser visto en particular en el Cuarto de Trono, que representó un cambio de los proyectos originales y fue añadido más tarde.

Las pinturas aquí mostraban como Ludwig vió la monarquía "por la Gracia de Dios": como una misión santa, con poderes que el rey bávaro nunca había poseído.



El interior de este no era tan impresionante como el de Linderhof, pero las dimensiones eran tremendas, y caminar por él nos remontaba siglos atrás y nos lo imaginábamos en todo su esplendor, habitado con gentes vestidas como aquella época, con la música de aquella época...

Neuschwanstein tenía 360 habitaciones, y sólo 14 tenían un diseño totalmente acabado.
Esas 14 habitaciones estaban decoradas con un lujo sin igual, con cuadros y tapices con escenas de óperas de Richard Wagner, del cual Ludwing era un gran admirador.

El agua corriente estaba disponible en cada suelo y la cocina tenía tanto agua caliente como fría.

El rey usó un sistema de campana eléctrico para convocar a sus criados y ayudantes. En los terceros y cuartos suelos había hasta los teléfonos.

El rey no era muy sociable y no tenía trato ni con sus criados, por tanto para no tener mucho contacto con ellos, se construyó una mesa en su habitación, la cual llevaba un mecanismo en el que el suelo se abría y la hacían bajar hasta la cocina, para que los cocineros la prepararan y la volvieran a subir lista para el disfrute del rey.
Los servicios tenían un sistema de limpieza con agua automático.

Las vistas desde el interior a los Alpes austríacos eran impresionantes.
El rey a menudo aguantaba mucho tiempo en la ventana, mirando pensativamente en la distancia: a través de la llanura o en el paisaje de montaña rugoso.




Lo recorrimos por dentro con la guía de audio, y nos dirigimos de nuevo al autocar camino de Munich, y durante el camino paramos en un pueblecito muy acogedor para comprar souvenirs, que lo que compramos fue un paraguas de la que nos cayó al llegar allí...

De vuelta al hotel fuimos a cenar y a dar una vuelta por la city, pero esta vez tiramos por otro camino. Llegamos a una calle bastante solitaria y con muchos letreros luminosos de colores, cuando nos dimos cuenta nos habíamos metido en la calle de las putas!!!!
Cagando leches nos fuimos de allí, a ver si nos iban a confundir…..




2 comentarios:

  1. hola!
    queria preguntarte haber cómo lo hiciste para ir a todos los catillos! erans excursiones preparadas?
    esque mi familia y yo queriamos ir a ver el castillo de Neuchwanstein pero no nos decidimos si entrar o no, y a mi me hace ilusion ir tambien al de los padre del rey loco!
    bueno..espero respuesta!
    en un semana estoy por Munich

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  2. Hola!!

    Pues la contraté al lado mismo del hotel, pregunté en recepción para poder hacer excursiones y me mandaron un poco más abajo en la misma calle donde estaba, el hotel era el Amba. Te entraba la entrada a los dos castillos y el transporte, era una excursión de día entero que si estas en Munich no te puedes perder.

    Saludos y buen viaje!!

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